domingo, 18 de julio de 2010

vacaciones!!

Ya es verano! y este joven escritor se retira a su casa en Gran canaria para pasarse un estupendo verano intentando sacarse el carnet de conducir y pasarlo genial con los amigos.

el oscuro secreto de judas volverá con vosotros en octubre dispuesto a intentar mantener la tensión e intriga que hasta ahora con sus primeros capítulos, felices vacaciones a todos y que paseis un buen verano
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miércoles, 16 de junio de 2010

Capítulo quinto (misterios en la oscuridad)

Capítulo quinto
Misterios en la oscuridad

-¿Inspector Hatib?-

-Sí-

-Menos mal que ha llegado usted, al parecer el accidente es más grave de lo que pensábamos.-

-¿Han rescatado los cuerpos?-

-Sí, las víctimas son dos hombres, el forense está realizando trabajos de identificación pero parece que la muerte no fue hace demasiado.-

-Bien-

-¿Quiere un abrigo?-

-No gracias, esta chaqueta es calefactora, ¿dónde están los cuerpos?-

-Al parecer tuvieron un accidente y estaban sepultados, el jeep en el que viajaban se estrelló contra una excavación y no sobrevivieron-

-Menuda mierda de noche para morirse, ¿se ha identificado a las víctimas?-

-No señor, pero hemos encontrado agujeros de bala en el vehículo-

-¿Qué?-

-Sí señor, agujeros de bala de un arma anterior a la guerra seguramente provenientes del mercado negro, las balas no han podido ser identificadas.-

-Genial, ¿Alguna otra buena noticia?-

-Sí, hemos encontrado marcas de…ellos.-

El azul iris del inspector quedó clavado ante la escurridiza mirada del policía egipcio, la referencia identificada con el incómodo sonido precedente no dejaba lugar a dudas de que el problema podría pintar gordo.

-¿Ellos?-

-Sí señor, ya sabe…-

-Comprendo, ¿Porqué se sospecha de su presencia en el lugar?-

-Hemos encontrado restos de sangre contaminada por la enfermedad-

-Vamos hombre, no me jodas.-

-No señor-

-Llévame hasta el forense-

-Si señor-

El joven policía llevó al inspector más allá del cordón holográfico protector, después de bajar unas escalas extensibles hasta el agujero derruido de la excavación dejó a Hatib con el forense, que en ese momento terminaba de tapar el segundo de los cuerpos con una tela blanca.

-Vaya inspector, parece que aún en nuestro tiempo siguen existiendo las desgracias eh.-

-Sí, ni el gobierno unificado puede pretender que los sicarios no sigan apareciendo-
-¿Sicarios inspector?-

-Me han informado de agujeros de bala en la chapa del jeep, no imagino a otros que hayan podido hacer eso.-

-Oh, comprendo, pero me temo que estos dos han muerto por aplastamiento, no por bala, aunque lo comprobaré en el hospital pero estoy casi seguro de que no es así, no sé qué estarían haciendo aquí pero uno de los policías ha ido a preguntar a una caravana de camellos que vieron cerca.-

Echando un vistazo el inspector se percató de los agujeros de bala de los que hablaba el policía, el lugar estaba destrozado y aunque no entendía demasiado sobre tumbas y antiguas cárceles en ruinas podía apreciarse claramente el destrozo que había provocado el accidente. Lápidas rotas, sangre y restos destrozados de instrumentos arqueológicos. Algo llamó su atención, otro pañuelo blanco tapaba un cuerpo del tamaño de un niño pequeño.

-Oiga, doctor, ¿no dijo que solo había dos cuerpos?- Por la inercia de la curiosidad levantó el pañuelo, soltándolo con repugnancia al momento de ver lo que había debajo.

-¡Me cago en la puta, es una jodida pierna!-

La visión de una pierna amputada con los tendones colgando y un trozo astillado de hueso fuera provocó una arcada al inspector que pronto se llevó la mano a la boca.

-¿Qué coño hace una pierna sin cuerpo por ahí?-

-Pues no lo sé inspector, es todo un misterio.-

-¿No pertenece a alguno de los fallecidos?-

-Créame, no me hacen falta seis años de medicina para saber cuando a una persona le falta una pierna o no.-

-Ya…Pues más nos vale encontrar a su dueño, ¿Ha cogido muestras?-

-Para nada inspector- El doctor metió sus cosas en el maletín y ajustándose las gafas lanzó una sonrisa sarcástica al inspector.

-Ahora me voy, tengo que llevar todo esto a analizar. Ah, apropósito, no sé si se lo dijo el policía pero han encontrado marcas de…ellos.-

-Sí, me lo dijo.-

-¿Y también le dijo que habían encontrado un túnel oculto que el jeep había abierto en el accidente?-

-No, eso no me lo dijo-

-Se le habrá pasado, claro, es un detalle sin importancia, al fin y al cabo este sitio está lleno de cuevas y galerías.-

-Y piernas amputadas, no te jode…-Susurró el inspector mientras el doctor se marchaba.

El inspector buscó la escalera que llevaba al túnel y descendiendo los peldaños se preguntaba cómo podía haber acabado allí en una noche que parecía prometer tanto, a fin de cuentas, el Papa estaba a punto de dar su primera conferencia y él iba a perdérselo, de todos modos, lo interesante del caso parecía haberle hecho olvidar por completo temas de menor importancia. Armado con una linterna observó el jeep hundido en el agujero, los agujeros de bala eran también numerosos en esa parte y había muchísima sangre en el suelo. Llegó pronto a la conclusión de que la sangre pertenecería a alguno de los cuerpos atropellados de arriba, rebuscó con guantes de látex en el jeep a ver si encontraba algo, alguna pista, por pequeña que fuera que le llevara a un camino a seguir.
Después de más de una hora rebuscando el inspector se dejó caer rendido al suelo, ni una pista en ese montón de rocas. Dicen en cambio, que la suerte sonríe al que la necesita y no al que la busca, al sentarse con la linterna en mano el inspector pudo apreciar que la sangre no terminaba en aquel inmenso charco, más a lo lejos vio como lo que en un principio le parecieron manchas de aceite lejanas por el golpe resultaban destilar con un tono rojizo, se acercó apresuradamente y vio como las gotas se alejaban adentrándose en el túnel.
-¡Bingo!-

Apresurado y emocionado corrió siguiendo las gotas, hasta que al final llegó a un muro derruido en el que se podía apreciar un túnel toscamente escarbado y aparentemente poco seguro, al final del túnel, escuchó el rumor del agua y las voces de los policías. Claro estaba que su curiosidad nata le hizo pasar por alto la dudosa seguridad del túnel y se adentró sigiloso para ver a dónde llevaba, al final encontró un manantial, por la parte de arriba se colaba la luz de los focos, estaba en un pozo. Al fondo, dos policías con el uniforme de la división científica analizaban el agua.

-Claramente, uno de ellos ha estado aquí-

-No cabe duda está claro ¿No te parece increíble? Al fin y al cabo esa plaga sigue escondiéndose, vete tú a saber qué estaba haciendo aquí.

-¡Eh ustedes!- Una tercera voz retumbó en la construcción, provenía desde arriba.

-¿Si?-

-¡Suban inmediatamente y dejen todo como estaba!-

-¿Y quién lo manda?-

-Soy el capitán Hammon, jefe del departamento de investigación del gobierno unificado.-

-Hostia puta, mejor vámonos tío.- susurró uno de los guardias.- ¡Ya subimos capitán!-
Si el gobierno unificado metía las zarpas en el asunto estaba claro que el problema era bien gordo, oportunidad que no iba el inspector a dejar escapar. Serpenteó hasta la entrada del túnel y poniendo tierra de por medio llegó hasta el jeep, a lo lejos vio como los militares metían a los investigadores en un coche y se los llevaban, agazapado entre los escombros entró en su coche y sin encender las luces se marchó de allí a toda velocidad, mientras ordenaba al ordenador de a bordo marcar un teléfono.

-¿Operadora? Si, con la facultad de historia de la universidad de salamanca por favor…-

-Universidad de Salamanca, ¿dígame?-

-¡Hola! Con la profesora Laura por favor.-

-La profesora Laura no llegará hasta dentro de una semana ¿quiere que le deje un mensaje?-

-Sí, dígale que necesito que venga a Egipto en cuanto pueda, que es muy importante.-

-Muy bien, Egipto si, ¿de parte de?- En ese momento, el móvil comenzó a emitir un pequeño chirrido.

-Dígale que soy Hatib, nos presentó el doctor swann, dígale que ha pasado algo en su centro de investigaciones-

-No le oigo bien, ¿Ha dicho doctor swann?-

-¡no joder! Soy un amigo del doctor swann.- El zumbido del móvil aumentaba.

-Su amigo el doctor swann, muy bien, nota tomada...nece…¿más?- Apenas podía escuchar nada.

-¡Que no, que le digo que…!- El móvil, se cortó.

Detrás del inspector, resonó una voz.

-¿Se divierte, inspector?
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miércoles, 9 de junio de 2010

Capítulo cuarto (lecciones de historia)

Capítulo cuarto
Lecciones de historia

-Como veíamos en la clase de ayer, en el año 2015 la guerra de oriente medio acabó en desastre teniendo en cuenta que el gobierno americano decidió soltar el virus VR-5, como ya saben ustedes, el virus provocó la propagación de una epidemia respiratoria, añadiéndole a eso el clima de oriente medio ya podrán imaginarse ustedes cómo terminó la bromita. Actualmente y después de la condena a muerte del presidente americano Johnal, sucesor de Obama, y del general del ejército las tareas de repoblación en la zona siguen sin dar demasiados frutos.-

Las clases de la profesora Laura eran las mejores, teniendo en cuenta que siempre se metía con el gobierno americano y se quedaba tan campante, de todos modos no es raro que la gente en la universidad la odie, pone unos exámenes que difícilmente pueden ser superados por nadie.
Tengo que admitir que siempre que entra por la puerta me quedo un poco embobado, no es la típica rubia cañón ya lo sé, pero su pelo castaño entrenzado hasta la cintura y su cuerpo atlético no dejan espacio a que este pobre alumno de tercero de historia deje de mirarla.

-¡Señor Antonio!- La voz imperante de Laura me sobresaltó y di un bote en mi asiento, un movimiento obviamente ridículo que me hizo sonrojar. –Señor Antonio, ¿podría decirme de qué estaba hablando?-

-De la guerra de oriente medio-

-Eso fue hace diez minutos, deje de poner cara de tonto y atienda- Las risitas de mis compañeros flotaban en el aire, genial.
La clase terminó y salimos a tomar algo a la cafetería…
(…)

-Cada día son más idiotas, no solo no atienden sino que además tengo que ponerles exámenes facilitos para que los nenes aprueben-

-Creo que eres un poco dura, pero bueno, ya sabes que todo va en decadencia-

-No me toques los ovarios con lo de la decadencia, ¿quieres?-

-Vale vale Laura, no te sulfures.- Apropósito, mientras estabas en clase te ha llamado un par de veces un tal doctor Swann, dijo que era importante y que también te llamaría mañana, ha dejado un recado en secretaría para ti-

-¿El doctor Swann? Vaya, desde que se fue a Egipto no he tenido noticias de él, pero somos buenos amigos. ¿En secretaría dices?-

-Si-

De camino a secretaría recordaba los momentos vividos con el doctor, habiéndonos conocido en la facultad hace muchos años y teniendo experiencias previas de lo que solía hacer me extrañaba bastante esta llamada. Supongo que los arqueólogos se ven más interesados por las piedras que por las mujeres.

-Hola Rita, ¿tienes algo para mí?-

-Hola doctora, si, ha llamado un caballero y le ha dejado un mensaje-
Rita era la secretaria de la facultad, puede que la gente diga que el hecho de decir que las secretarias son cotillas es un tópico, pero Rita encarnaba ese papel a la perfección.

-¿Sabe? Dicen que el doctor Swann lleva tiempo detrás de algo muy gordo, debería usted aprovechar… ¡ya sabe a qué me refiero! Que donde hubo fuego cenizas quedan- Lo que más me sorprendía de Rita, es que solía tener razón, pero ese tono tan histriónico y demás factores hacían de ella una mujer un tanto repelente.

-Claro Rita, claro. Muchas gracias por coger el mensaje-

Al abrir el pequeño papel en el que Swann había dejado su mensaje, observé no solo que conservaba sus valores sino que además mantenía ese secretismo que tan poco me gustaba.

-“Laura, las cosas no van del todo bien por aquí, me gustaría que cogieras un vuelo y te vinieras. Atentamente, doctor Swann.”-

Claro, no tengo otra cosa que hacer en medio del curso que plantarme en el desierto para ver qué puñetas quiere saber un tipo al que conocí años atrás. Sabiendo cómo es seguramente solo querría que le ayudara con algún tema de historia. Arrugué el papelito y lo tiré a la papelera, ¿quién se cree que soy, su criada? De vuelta en la cafetería me encontré con el rector de la facultad, Ismael.

-Muy buenas tardes profesora, la veo un poco apurada-

-En efecto, he recibido un mensaje de un ex al que no tengo muchas ganas de ver- El rector lanzó una socarrona sonrisa.

-Sí, las antiguas relaciones no siempre salen bien.-

-No, si bien salió, pero él decidió que las piedras eran más interesantes que yo.-

-Ya bueno, te dejo, que he quedado.-

-Bien, dele duro a sus alumnos.-

-Oh, ten por seguro que voy a darle duro a algo, pero he quedado con mi ex mujer.- Una vez más, la sonrisa socarrona del rector me hizo sentir mejor.
El zumo de la tarde y el bocadillo entraron perfectamente, aunque sabría que no podría quitarme de la cabeza el maldito mensaje hasta un par de días también sabía que no haría caso a las peticiones de un tipo que en su momento me hizo daño solo por marcharse de aventura.
Salí de la facultad a eso de las nueve y en el patio de coches me esperaba otra sorpresita, al parecer algún alumno anónimo se había propuesto escribirme cartas de amor, estaba segura de que no iba a ocurrir nada con ningún niñito de universidad pero admito que recibir cartas con poemas y demás era divertido y agradable, aunque no me gustaría recibir flores o algo por el estilo. Metí la llave en la ranura y encendí mi viejo Ford, al contrario que el coche del abuelo este ya, por suerte, funcionaba con electricidad, no soporto el olor a gasolina.
De vuelta en mi piso de soltera lancé las llaves contra la mesa, me tiré en el sofá y puse la tele esperando que algún programa hubiera decidido evaporarse y me brindaran una buena película, con mucha sangre y gente que explota por los aires, si no hay gente que explote no tiene gracia.
De pronto, la puerta. Me había quedado dormida y tres golpes fuertes me despertaron, era la una de la mañana. ¿Quién mierda puede ser a estas horas? Medio dormida y extrañada me levanté del sofá, otros tres golpes fuertes.

-¿Quién es?-

-¿Profesora Laura? Soy el rector Ismael, ábrame por favor.- Abrí la puerta con el pestillo y efectivamente, allí estaba el rector, quité el pestillo y lo dejé pasar. Estaba sudando y un poco pálido, entró en mi casa apresurado y muy nervioso.

-¿Le ocurre algo?-

-Ha sido horrible, unos tipos abajo me han intentado atracar, me han sacado una navaja y les he dado todo lo que tenía-

-Vaya putada, ¿pero está usted bien, le han hecho algo?-

-No, pero se han llevado los papeles de la universidad y eran papeles importantes que debía entregar mañana, joder, adiós a mi puesto de rector-

-Bueno, no se preocupe, voy a prepararle una tila o una manzanilla, un momento. Siéntese en el sofá si quiere.- Así lo hizo. Preparé una infusión y mientras se la tomaba pareció calmarse un poco.

-Voy a llamar a la policía.-

-No será necesario, ya lo hice yo.-

-¿Les dijo que estaba usted aquí?-

-Sí, no creo que tarden en llegar.- Efectivamente, la puerta volvió a sonar. La abrí con cuidado y allí estaban, dos policías de azul con el uniforme del gobierno unificado.

-Hemos recibido una llamada de esta dirección ¿es correcto?-

-Sí, pasen, el denunciante está en el salón ¿quieren algo de beber?-

-Estamos de servicio, pero gracias-

Los llevé al salón e Ismael me miró, se levantó del sofá y miró a los policías, su cara palideció.

-Laura, estos dos no son policías…-

Noté un fuerte golpe en la cabeza y todo se volvió confuso, borroso, el sonido de un disparo con silenciador apagó la luz y la forma borrosa de Ismael calló de bruces al suelo, donde permaneció hasta que yo no volví a ver nada.
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martes, 1 de junio de 2010

Capítulo tercero. (Tormentas de arena)

Capítulo tercero.
Tormentas de arena
-¿Pero qué mierda ha pasado aquí?-

Ya ronco seguía gritando, mis ojos se habían secado de llorar y ni siquiera había escuchado el sonido del jeep del profesor al llegar. Apartó mi cuerpo del de Hamas y comprobó lo que yo llevaba sufriendo durante más de tres cuartos de hora, cubierto de arena y sangre solo podía balbucear su nombre en un intento inútil por recuperar su vida perdida.

-¡Eón! ¿Qué cojones ha pasado?-

-Por el amor de Dios, solo era un niño, un niño…-No dejé de repetir esas palabras aunque el profesor siguiera bombardeándome a preguntas, no oía ni veía nada, solo un cielo estrellado que se había tragado el alma de un inocente como quien traga aire al respirar. Un bofetón me devolvió a la realidad.
-¡Te he hecho una pregunta!-

-El…el doctor Nollsworth.-

-¿El doctor ha estado aquí?-

-Si…- El profesor cortó las cuerdas que me ataban las manos, tenía las muñecas en carne viva cubiertas de arena y sangre, pero apenas las notaba.

-¿Qué vino a hacer ese hijo de perra aquí?-

-Cobrar, vi…vino a cobrar- El rostro del doctor se tornó en una expresión de furia y odio, sin mediar palabra cogió en los brazos el cuerpo sin vida de Hamas y se dirigió a la excavación-

-¿Dónde va?-

-No hay tiempo de cavar una tumba, lo enterraré como se merece-

-Doctor yo…yo no pude hacer nada ¡No pude mirarle a la cara y detenerlo!-

-No te preocupes, Nollsworth pagará este asesinato. ¿Qué le diste para pagarle?- El corazón se me encogió en un puño, el frío de la noche desértica me caló los huesos mientras un escalofrío recorría mi espalda, se me había olvidado por completo.

-¡La piedra triangular!- El doctor detuvo su avance y girándose clavó su penetrante mirada en mis ojos.

-¿Me estás diciendo, que ese hijo de puta ha matado a Hamas por una jodida e inútil piedra?-

-Se… ¡se había escrito algo!-

-¿Cómo?-

-¡Sí!, yo estaba investigándola cuando usted se fue y se me calló el agua que me trajo Hamas sobre la piedra, y cuando me quise dar cuenta algo se había escrito en su superficie.-

-Creo que estás conmocionado por lo ocurrido, lo que dices es para encerrarte.-

-¡Le digo que es verdad!- Me lancé contra el profesor como un perro rabioso, agitándolo mientras lo agarraba de la camisa, casi tiro el cuerpo de Hamas en mi ataque de ira.

-¡Vale joder, pero suéltame!- Tranquilizándome, solté lentamente la camisa del profesor.-Se que estás conmocionado, después de enterrar a Hamas volveremos al campamento y te curaré esas heridas.

Entramos en la excavación y el profesor dejó a Hamas dentro de una de las tumbas vacías que habíamos encontrado, después de taparla el profesor me ayudó a volver al campamento. Las piernas me temblaban y no podía aguantar la jarra con tila que me había preparado, la manta de abrigo apenas hacía efecto y los sollozos volvieron más de una vez. Poco a poco mis ojos se cerraron y me rendí al cansancio dejándome caer en mi cama, lo último que recuerdo es escuchar a Swann hacer una llamada.

-Buenos días-

El caluroso amanecer me saludó por la mañana, tenía las muñecas vendadas y apenas me había recostado en la cama sentí un profundo pinchazo en las costillas, todo el cuerpo me dolía.

-No deberías moverte, caíste rendido anoche y aproveché para llamar a la policía y a un médico, te han aseado y han limpiado tus heridas, al parecer el contacto con la arena ha provocado una infección pero te la han limpiado, aunque no podrás esperar demasiado de tus manos hasta dentro de dos o tres días. ¿Cómo te encuentras?-
-Lo de anoche fue real, ¿verdad?-

-Me temo que sí, la familia de Hamas ya lo sabe y han ido a ver la tumba de su hijo, parece que lo dejarán allí.-

-¿Cómo ha podido?-

-Supongo que lo de la piedra sería importante, anoche dijiste una barbaridad, estabas en estado de shock así que supongo que no verías las escrituras en un principio.-

-Doctor, le juro por mi vida que no aparecieron hasta que les cayó el agua encima.-

-Bien… ¿Y qué ponía exactamente?-

-No lo sé, no lo entendía.-

- vístete.-

-¿A dónde vamos?-

-A la biblioteca, seguro que allí encontramos un libro en el que puedas encontrar el idioma de la piedra.-

Aunque dolorido, me levanté de la cama y me vestí, el profesor me cedió una muleta con la que podía andar un poco más aliviado. Nos subimos al jeep y arrancamos de camino al pueblo más cercano. En esta región del desierto la ciudad más cercana queda mucho más lejos de lo que un jeep pueda soñar con llegar, en el pueblo hay un helipuerto que lleva a los visitantes por un módico precio. El resto solo son casas egipcias de arcilla y una biblioteca pagada con las aportaciones de numerosos investigadores dada la gran cantidad de tumbas que se encontraron en su día en el oasis, la poca cantidad de gente y el obvio reducido número de colegas ha hecho de este pueblucho un hervidero de ratas como el profesor Nollsworth, que roban y cobran “impuestos” a voluntad.
Tras media hora llegamos al pueblo, el profesor aparcó el jeep en la parte de atrás de la biblioteca.

-Vamos, lo que has descubierto podría ser el mayor hallazgo de la historia y no quiero que ese cerdo me lo robe.- A paso ligero, o al menos, al máximo que yo podría haber ido, nos dirigimos a la entrada principal. Justo antes de llegar a la esquina el profesor me detuvo y me tapó la boca.

-Escucha.-

-¿Si, hablo con el señor Asimov? Soy el señor Nollsworth, me gustaría comentarle algo de incalculable valor que seguramente estará gustoso de oir. Ajá, si…¿Qué no puede? Bueno, dígale al señor que tal vez las palabras “Nuevo orden” le resulten atractivas… ¿Qué ahora me llama? Claro claro, sin problemas.-

El doctor Nollsworth salía de la biblioteca con un pañuelo bajo el brazo, debajo de él pude distinguir claramente la piedra y aunque no sabíamos con quién hablaba sí que adivinamos perfectamente el cambio monetario que estaba a punto de hacer. Acompañado de sus secuaces subió a un coche negro y arrancaron de camino al helipuerto.

-¿nuevo orden?-

-No te preocupes por eso ahora, céntrate en encontrar en esta biblioteca un idioma que encaje con lo que viste.-

Entramos en la biblioteca cuando el coche se perdió en una esquina, el doctor iba bastante apurado y enseguida se acercó al mostrador para preguntar por un teléfono y la sección de idiomas.

-Tú ve a buscar los símbolos, yo tengo que hacer un par de llamadas.-

El televisor de la biblioteca no era muy distinto al que teníamos en el campamento, y aunque no entendía lo que retransmitían me serviría como acompañante para la intensa lectura a la que estaba a punto de someterme
Durante horas examiné los escritos, uno tras otro, pero no encontré nada. La inmensa cantidad de libros de runas y escritos que se abrían ante mi me pareció interminable y durante casi medio día solo fue un fracaso tras otro. El profesor seguía haciendo llamadas mientras yo solo leía y leía, hasta que me di por vencido y me acerqué hasta donde estaba.

-Aquí no hay nada que encaje con lo que vi-

-¿Estás seguro?-

-Sí, completamente-

-Pues vámonos-

Una vez más, subimos al jeep después de horas de espera. De camino al campamento el profesor me preguntó sobre los símbolos y tampoco encajaban con nada que él pudiera recordar, a mitad del recorrido el profesor tornó su expresión y quedó serio, apenas habló en diez minutos hasta que al final se me quedó mirando un momento.

-¿Puedes conducir?-

-¿Qué?-

-No te alteres, pero ese jeep de atrás nos lleva siguiendo desde que salimos del pueblo-

-¿Qué jeep?-

-El que intenta esconderse tras la arena que levantamos- Entonces lo vi, un jeep de color tierra asomó levemente del rastro que dejábamos.

-Oh dios…-

-No es momento de acojonarse, agarra el volante y dirígete a la excavación, te conoces mejor el oasis que ellos.- El profesor se soltó el cinturón y pasó a la parte de atrás, apurado y asustado intenté coger el volante y ponerme en su lugar pero no pude evitar dar un golpe brusco y casi volcamos.

-¡Ten cuidado joder!-

- ¡No me apunté en la carrera para que me persiguieran sicarios!- Las balas comenzaron a zumbar y a estrellarse contra el jeep, agaché la cabeza en un intento desesperado por mantenerme vivo y las imágenes de Hamas comenzaron a zumbar en mi cabeza.

-¡Me cago en la puta, ¿quieres abrir los jodidos ojos?- El profesor había sacado una pistola de las cajas y respondía a los disparos, pero aparentemente no sirvió de nada. El jeep se agitaba castigando los amortiguadores y yo no levantaba el pie del acelerador ni por un momento, estaba demasiado asustado como para poder mantener bien el coche. La persecución se hacía más violenta, el jeep nos alcanzó y golpeó por detrás, apenas podía sujetar el volante. A lo lejos, divisé la excavación.

-¡La veo, estamos llegando!- El profesor volvió a saltar al asiendo delantero.

- ¡Estos cabrones van en serio, aguanta!-
Aguanté el volante recto todo lo que pude, firme y sin flaquear, el oasis cada vez estaba más cerca y entonces comprendí que la familia de Hamas estaba por los alrededores, no se atreverían a dispararnos con todos allí, estaba claro, el plan había dado resultado.
Noté algo caliente en el brazo, primero débil y luego el dolor se hizo tan intenso que no pude reprimir un grito de dolor, perdí la fuerza y se me escapó el volante. Escuché los gritos del profesor mientras el jeep fuera de control volcaba y comenzaba a dar vueltas de campana, al final, nos estrellamos contra la excavación y todo se nos vino encima, apagando por completo la luz.
Creí que me iba a reventar la cabeza, escuchaba los escombros rodar golpeandome en la cara, el sonido del agua correr, la oscuridad…
Palpé con las manos y encontré el cuerpo del profesor, comprobé si estaba atrapado y no pude tirar de él, por suerte yo parecía poder moverme. Notaba las costillas de mi cuerpo rotas, clavándoseme en la carne, rebusqué en la chaqueta del profesor y encontré una luz fosforescente, la doblé y el verdor frío y estéril bañó el cuerpo del profesor. Tenía una pierna atrapada bajo el jeep, pero ¿dónde estábamos? Escruté la oscuridad, al parecer el accidente había derrumbado el suelo de la cárcel y habíamos entrado en una galería cuya existencia desconocía, eso, o lo que teníamos encima era un derrumbamiento e íbamos a morir allí, pero el túnel parecía alargarse.

-¡Profesor! ¿Puede oírme?- En cuanto lo zarandeé un poco el profesor recobró parcialmente la conciencia.

-Mi…mi pierna.-

-Está atrapado, no sé si podré hacer palanca con algo.- Busqué algo para mover el jeep, pero ya sabía de antemano que no iba a poder sacar su pierna de ahí.-No…no encuentro nada.- El profesor suspiró y al igual que yo investigó el lugar.

-¿Dónde estamos?-

-No lo sé, creo que el jeep derrumbó un piso y hemos llegado a una galería-

-Pues claro…galerías bajo las tumbas… ¡joder¡- El profesor gritó de dolor, se llevó la mano a la pierna y apretó los dientes. Me acerqué a él para sujetarlo y que no se moviera.- Estoy bien jodido…-

-No, no lo está, esperaremos a la familia de Hamas y ellos le sacarán-

-Esa gente no nos sacará de aquí…-El profesor me clavó la mirada.-Entra en el jeep, encontrarás una caja de herramientas sujeta a la parte trasera, espero que no haya salido volando.-

-¿Qué cojones quiere de la caja de herramientas?-

-¡Tráemela!- Obedecí. La caja por suerte estaba donde él había dicho, sujeta con cuerdas, pero abierta y las herramientas habían salido volando.

-No hay nada.-

-Ven aquí.- Me acerqué al profesor, despacio y con la mano en las costillas.- Escúchame, está claro que no voy a salir de esta si no me ayudas, así que vas a cogerme de las manos, vas a tirar de mí y vas a hacerme un torniquete.-

-No puedo hacer eso…yo no…- Una vez más, comencé a entrar en estado de shock y caí de rodillas. El profesor me agarró del cogote y aferrándome el pelo me habló con una sequedad como nunca antes había oído en el.

-Escúchame, Eón. Si no lo haces, moriré.-

Me quité la camisa y la rasgué para hacer un torniquete, el corazón comenzó a latirme frenético cuando agarré al profesor por las dos manos, conté hasta tres y tiré con todas mis fuerzas, notando como se separaba el hueso de la carne y el tendón del músculo, los gritos de dolor se expandieron por la galería. Con los ojos entrecerrados apreté fuertemente el torniquete por debajo de la rodilla, la sangre del profesor la tiñó pronto de rojo y mi cuerpo acabó igual, una vez más, tenía la sangre de un ser querido por encima. Apresuradamente, ayudé al profesor a andar apoyándose en mi, mientras que yo me apoyaba en la muleta, el sujetaba la linterna fluorescente.

-¿Cuánto tiempo tenemos de luz?-

-Una media hora, pero me preocupa más cuanto nos queda de aire, vamos, sigue la galería.-

Avanzamos por un túnel que se abría camino, poco a poco las fuerzas abandonaban mi cuerpo y el rumor del agua se hacía más fuerte, al final, unos retazos de luz nos trajeron esperanza, pero nuestro ánimo se vino abajo cuando observamos que el túnel llegaba a su final, terminado en una pintura de un hombre que seguramente sería enterrado allí. Al llegar al final, me derrumbé y caímos al suelo.

-Muertos…estamos muertos-

-No te des por vencido, si hay luz hay una salida-

-¡No no la hay, solo tenemos tumba de vete tú a saber qué esclavo y encima morirem…!- Algo bueno había en todo aquello, un haz de esperanza me vino a la cabeza. -¡Profesor!, los símbolos, ¡son estos!-

Contemplando la figura y las runas me di cuenta de que les faltaba un pedazo, aunque no las entendiera en la parte superior central había un borrón que faltaba. El profesor enmudeció mirando el estampado.

-Eso es imposible…No puede ser.-

-Se lo juro ¡Son estas! ¿Sabe leerlas?-

-No, y desde el año 2015 después de la matanza de oriente medio dudo que nadie pueda-

-¿Qué lengua es?-

-Arameo.-
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martes, 25 de mayo de 2010

Capítulo segundo (Piedras de sangre)

Capítulo segundo
Piedras de sangre

El sonido de los frenos desgastados atrajo mi atención al exterior, había llamado al profesor hace tan solo diez minutos, tiempo suficiente para poner todo patas arriba en medio de mi ataque de nervios ¿Cómo había sido posible? No había explicación lógica ni científica para poder explicar semejante fenómeno. Me apresuré en salir afuera para recibir al doctor, al menos había llegado deprisa.

-Vaya ¿Pero qué tenemos aquí? Si es ni más ni menos que el alumno de nuestro querido profesor.- Sobresaltado, quedé plantado en la puerta de la caseta, no era precisamente el doctor quien había llegado sino uno de sus competidores, el doctor Nollsworth se bajaba del jeep, de faz morena y barba blanca ataviado con un bastón y un traje blanco con sombrero rematado con unos zapatos negros y botones de oro. El doctor Nollsworth era el cabrón más astuto de esta zona del desierto y seguramente también de su ciudad, el profesor tuvo su primer encontronazo con él en la facultad de arqueología, trabajando en la investigación de cuevas abandonó al doctor cuando una galería se les vino encima, para salvar su pellejo. Supongo que lo peor del caso fue que aunque el doctor consiguiera salir el solo le esperaba fuera rodeado de cámaras y periodistas que gravaban su tremenda aflicción, ahora es un ladrón de descubrimientos que nos saca los cuartos cada vez que puede haciendo alarde de mercenarios y asesinos dispuestos a todo por un par de monedas. Es sin duda el tipo de persona que no esperaba encontrar y mucho menos una que me haya gustado conocer.

-Veo que no eran campesinos los que disparaban hace un rato, dígame doctor ¿En qué puedo ayudarle? Tal vez quiera que, no sé ¿le traigo algún animal atado al que pueda disparar?- Mientras hablaba, contaba el número de secuaces que se había traído esta vez, solo tres, suficientes para que me temblaran las piernas. Poco a poco, a medida que se me acercaba entre leves risotadas me acerqué a la mesa donde había dejado la piedra.

-Parece que tienes buen sentido del humor.- Hizo un gesto con la mano y uno de los hombres agarró un saco que llevaban en la parte trasera del jeep.-Veamos si te ríes con esto.- El mercenario soltó el saco bruscamente en el suelo, escuché un quejido familiar. Abrió el saco y allí estaba él, confirmando mis terribles sospechas.

-¡Hamas!-No pude reprimir el impulso de lanzarme hacia el muchacho que yacía inmóvil en el suelo, pero el profesor me detuvo con su bastón.

-No te lo recomendaría, verás, esta gente…se pone muy nerviosa ¿sabes? Tienden a dejar de escucharme cuando se sienten amenazados.- Los mercenarios me sonrieron enseñando sus armas.- Y ahora, vamos a entrar en tu tienducha, vas a invitarme a coger lo que quiera y después voy a irme habiendo cobrado el hecho de que estéis aquí sacando piedritas, ¿entendido héroe?-

-S…si.-

-Bien.- Sonriéndome se metió un puro en la boca y me hizo un gesto para que entrara en la tienda, tenía que distraerle de lo que había encontrado así que debía idear un plan rápidamente o podría pasar de vivo a fiambre en menos de un minuto.

-Verá doctor, el profesor no ha podido encontrar ningún tipo de riqueza material últimamente, pero todavía nos queda algo de la tumba del guardián carcelero que encontramos hará medio mes.- Señalé una esquina de la cabaña en la que había un baúl, sabía perfectamente que en ese baúl solo había ropa pero era el único modo de distraerlo, en cuanto se dirigió hacia allí tapé con un pañuelo la piedra que yacía sobre el escritorio, haciendo como si recogiera apresuradamente.

-Como verá tenemos todo esto hecho un desastre, disculpe el desorden.- Escuché como se abría el baúl.

-Aquí solo hay ropa-

-¿Qué? No puede ser, ju…juraría que dejamos ahí los restos.-

-Ya…-El profesor se llevó la mano a la solapa del traje. Fue entonces cuando vi la respuesta.

-¡Aquí lo tengo! ¿Ve como estaba en un baúl?- El único modo que tenía de salir de esta desesperada situación era entregarle el dinero que tenía ahorrado, pero no era mucho, el pulso me temblaba, cuando me di la vuelta con la caja en la que los guardaba, tenía una punta de pistola amenazando mi garganta.

-Veo que no comprendes lo delicado de tu situación, así que, como soy una buena persona voy a explicártela. Hace ya más de un mes que no vengo a pasaros factura chicos y qué casualidad resulta que cuando llego aquí solo hay un gilipollas aficionado a la lectura que pretende venderme la moto.-Apenas podía balbucear, el miedo me había petrificado y sentía un profundo dolor que me entumecía los músculos. Me agarró del pelo fuertemente y acercó su puro a mi cara, el intenso calor de la ceniza amenazaba mi ojo.

-Me vas a dar mil quinientos dólares americanos, o ese niño que hay ahí fuera va a morir.-

-N…no tengo ese…-

-Disculpa, creo que no te he oído, ¿Cómo dices?- Cogió el puro con una mano y sacándoselo de la boca me lo incrustó en la mejilla, la quemadura me hizo gritar de dolor, caí de rodillas al suelo llevándome las manos a la cara.

-Vaya…así que ahora sí que hablas eh- Uno de los mercenarios entró en la cabaña y me sacó a rastras, pataleé con todas mis fuerzas pero no sirvió de nada, me lanzaron al lado de Hamas que lloraba en el suelo. La arena fría de la noche desértica me cubrió la cara y penetró en la quemadura.

-¡Tengo mil, tengo mil dólares!- Los mercenarios nos rodearon con las armas a punto y el doctor se puso delante de mí.

-Vaya, mil dólares. ¿Le he pedido mil dólares chicos?- Los mercenarios rieron y negaron.-No te he pedido mil míseros dólares, he pedido mil quinientos y no me los has dado, así que…-El doctor apuntó a Hamas con su pistola mirándome fijamente.-Me parece que vas a tener que limpiar todo esto cuando nos vayamos.-Iba a apretar el gatillo, sabía que iba a hacerlo, no me quedó otra salida.

-¡No!, espere…espere por el amor de Dios, he…he descubierto algo hoy.-

-Bueno, parece que ya hablas mi idioma, te escucho-

-Hay una piedra, una piedra debajo de un paño en mi escritorio.-

-Espera, ¿una piedra? Creía que hablabas de dinero, ¿Para qué coño quiero yo una piedra?- Los mercenarios volvieron a reír y esta vez cargaron las armas, uno de ellos se acercó y me ató las manos a la espalda, también hicieron lo mismo con Hamas.

-No es una piedra corriente, la trajo el doctor y creía que no tenía nada, pero cuando le cayó agua encima apareció algo que tenía escrito, no sé que es porque no he podido traducirlo pero le aseguro que algo así vale millones.-

-Millones eh…- Nollsworth hizo una señal y bajaron las armas, su expresión de duda me trajo esperanzas, al parecer había funcionado, pero a qué precio.-Tú, tráeme la piedra.- El mercenario que nos había atado se metió en la caseta y sacó la piedra triangular, el profesor la examinó con detenimiento sosteniéndola con ambas manos y finalmente se la devolvió suspirando.

-Parece que hoy es tu día de suerte, vamos chicos, subamos al jeep.- La cuerda me quemaba las muñecas y el dolor de la quemadura palpitaba en mi mejilla, pero por suerte había conseguido que esos bastardos se fueran, o eso pensaba.

-Verás, hay un pequeño problema, no entiendo una mierda de lo que pone en esa piedra ¿sabes? Y realmente me gustaría poder confiar en ti, pero en este negocio las cosas no funcionan como uno quiere, así que….-

Ante mi atónita e impotente mirada el profesor levantó su pistola y me apuntó a la cabeza, después de sonreírme apuntó a Hamas y una bala atravesó su cabeza con un sonido que retumbó en el desierto y quebró mi alma.

-¡NO!- Mis gritos de dolor se elevaron en el aire a medida que me arrastraba hacia el niño, ¿cómo había podido? Ese hijo de perra pagaría lo que había hecho.

-Ah…me encanta el trabajo de campo, adiós y dale recuerdos a mi querido compañero de graduación.- El jeep se alejó en la inmensidad, llevándose el fruto de nuestra lucha y el alma de un niño inocente. Las lagrimas brotaron de mis ojos como cascadas de cristal, me ardía el corazón, la furia explotaba en mi interior y la rabia se apoderó de mí, me arrastré hasta el cuerpo sin vida del niño y grité, grité hasta que lloraron las estrellas.
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viernes, 21 de mayo de 2010

Capítulo primero ( la noche es polvo)

Antes de nada, sabed que es la una de la mañana y me ha venido la inspiración, corregiré los posibles fallos de puntuación durante la semana, espero que disfruteis el primer capítulo!


Capítulo Primero
La noche es polvo

-Oh…Dioses, jamás pensé que este libro podría ser tan interesante-

-¿De verdad te gustan esas porquerías?-

-No es una porquería, zafio gañán de pelo lanudo, esto, es una obra de arte-

-¿Un libro escrito por un hombre que vivió el accidente de Chernóbil, encerrado en un reformatorio mientras miraba el pelo de su amada? Oh si, toda una obra de arte, sin duda. Por cierto ¿Qué tal si haces algo útil y me dices dónde demonios se ha metido el doctor? Tengo una entrega para el.-

El acento de Habbab siempre sonaba de lo más curioso, ese acento que los de origen Islámico nunca consiguen perder. Aunque su nombre significara adorable, el no tenía nada de adorable, un tipo de expresiones rudas y cicatrices faciales que eran de lo menos atractivo, además de una galantería nula y una educación poco menos que negativa.
Mi nombre es Eón y soy arqueólogo en prácticas, actualmente trabajo con el doctor Swan en las investigaciones recientes de una cárcel egipcia que encontraron el año pasado. Este tipo de gente le trae paquetes continuamente y por desgracia suelen ser avisos de retirada de fondos. El doctor tiene la convicción de que aquí abajo hay algo, aunque a veces sinceramente llego a dudar de que su cordura siga intacta.

-Dime… ¿Dónde crees que ha podido irse? Estamos en Kharga por el amor del cielo, habrá ido a la excavación.-

-Pues yo no quiero ir allí, así que firma tú.-

-¿Qué le han mandado esta vez?-

-¿Tengo pinta de abrir paquetes ajenos?-

-Tienes pinta de muchas cosas…- El dolor seco de un coscorrón me dejó bien claro que había ido demasiado lejos, después de todo, los patanes traficantes también tienen su orgullo, aunque sinceramente no sé de dónde lo sacarán.

-Sigue leyendo cuentos de ciegos que sueñan con pelos de mujer, yo me largo.- Hababb se subió al jeep en el que esperaba uno de sus secuaces y marchó levantando arena, definitivamente, un completo imbécil. Por suerte para mi, el desierto traía muchas más cosas agradables que desagradables y aunque soy arqueólogo y me repitan constantemente que las piedras son aburridas, yo encuentro este gran trozo de arena de lo más apasionante. Llevo de prácticas con el señor Swann menos de tres meses y ya ha conseguido que me apasione por la cultura egipcia de hace milenios, el único problema es que la gran mayoría de las veces que habla no le entiendo dado que su opinión sobre que lo egipcio, en egipcio debe aprenderse, es un poco mentalmente avanzada para mí.

-Genial, no solo este zumbado me critica la lectura sino que además tengo que cargar con este paquete, me pregunto qué extraño artilugio será ahora.-

-Veo que lo de quejarte en voz alta sigue siendo una costumbre.-

-¡Doctor! No le había visto llegar.-

-Sé lo que no ves, porque eres tan ciego como el protagonista de tu libro. Vaya, ¿Ya ha llegado? Bien, por fin podré escuchar algo que no sean tus quejidos.- El doctor siempre se quejaba de que yo me quejaba, pero claro ¿qué otra cosa hacer en un desierto que no sea quejarse, dormir o cavar?

-Profesor qué… ¿Qué es esta vez?- El doctor solía recibir artilugios tales como lupas, pinzas mecánicas, varillas contra el polvo, libros sobre arqueología egipcia, libros de historia, cartas de anónimos, y todo tipo de material de arqueología de orden desconocido incluso para mí.

-Es una tele.-

-¿QUÉ?-

-Pues eso, una tele.- El aparato cochambroso y polvoriento que sacó de la caja tenía pinta de ser todo, menos una tele. Con cables que colgaban por todos lados y tan larga como la mesa de estudio, pero con una pantalla tan pequeña que para ver algo seguramente tendríamos que utilizar las lupas.

-Qué… ¿Qué clase de bestia aberrante es eso?-

-Oye, que es tecnología puntera.-

-Claro, VHS Picapiedra último modelo.-

-Señorito, estamos en el desierto, te reto a conseguir algo mejor.-
El doctor también tenía la mala costumbre de conseguir que mantuviera la boca cerrada. Para mi sorpresa, una vez conectado el aparato al generador las imágenes brotaron, no demasiado nítidas claro, pero bien sintonizadas eran perfectamente entendibles.

-¿Qué sintoniza profesor?-

-El vaticano, van a investir al nuevo Papa.-

-Vaya, así que era eso lo que había estado intentando averiguar en los periódicos.-

-Tu mente es cuanto menos aguda querido pupilo.-

El doctor había sintonizado el canal en egipcio, por suerte. Al parecer la fumata blanca aún no se había elevado en el aire, así que por el momento nada de dirigente eclesiástico en nuestro año del señor 2025.

-¿Ha encontrado algo interesante hoy?-

-Pues no, solo piedras lisas en lo que parecía ser una tumba vacía.- dijo mientras arrojaba de su mochila un montón de peñascos a la mesa de estudio.

-Pero…la tumba.-

-Hemos encontrado una antigua cárcel, encontrar tumbas no es precisamente lo que busco.- Dicho esto salió del campamento.
A lo lejos, como cada mañana, los gritos de un niño hiperactivo se aproximaban al galope. Hamas, un niño del pueblo nos traía agua y comida cuando la caravana de su padre pasaba cerca del campamento, el nombre en definitiva le venía al dedillo.

-¡Doctor, doctor Hamas trae comida y agua!-

-Muy bien pequeño, déjalo dentro y te daré tu paga.- Acto seguido, como siempre, podía ver la pequeña cabeza de Hamas entrando por la puerta, con su pequeño cuerpecito cargado de bolsas de piel y cantimploras de agua. El pequeño disfrutaba también con nuestro oficio, siempre preguntaba qué era aquello y esto, me traía recuerdos.

-Hola Eón, ¿Cómo está?-

-A los amigos se dice Cómo estás, y estoy muy bien gracias ¿Qué me traes aquí?-
-Agua y comida señor Eón, pero como agua no en pozo Hamas coger agua de mezquita.-
-¿Has robado el agua de la mezquita?-

-No señor, Hamas no roba, Hamas trato con gente de mezquita-

-Oh…-
El joven soltó todo lo que llevaba encima y salió raudo a por su recompensa, normalmente el doctor le premiaba con chocolatinas y eso a él le encantaba. Como siempre, comida y agua, aunque ciertamente el agua esta vez fuera de una mezquita y no de un pozo.

-Eón, voy a salir al poblado, quédate y revisa las piedras, volveré al anochecer.-

-Sí profesor, lo haré-

-Hasta la vuelta-

-Adiós señor Eón.-

Una vez más el sonido del jeep se alejó en la inmensidad del desierto y allí solo me quedé. He de admitir que la retransmisión vía cacharro era un grato compañero. Tras largas horas de análisis químicos, con lupa y microscopio llegué a una clara conclusión: nada.
En aquellas rocas no había nada, ni rastro, la mayoría se deshicieron en mis manos al ser simple barro y un trozo triangular de piedra fue lo único que quedó con vida tras mi exhaustivo examen. ¿Pero tenía algo? Nada. Aproveché para fijarme un poco más en la retransmisión y coger un poco de comida y agua, al parecer la fumata blanca seguía sin aparecer y un montón de creyentes acampaban a las puertas de la cúpula.
De pronto algo me sobresaltó, un disparo sonó en el exterior y se me cayó todo lo que tenía sobre la mesa de trabajo. Algún zángano estaría cazando vete tú a saber el qué, sin haberme dado cuenta había caído ya la noche y asustado cogí la linterna y me asomé, pero no vi a nadie, sería un campesino asustando a un zorro. Después de reponerme del susto volví a la silla y ¡bien! Fumata blanca a la vista, los gritos se hicieron palpables allá en el vaticano, pero pronto mis preocupaciones se tornaron hacia una tenue luz que brotaba de mi escritorio.

-¡Mierda!-

Las piedras y muestras se habían llenado de agua y comida, genial, todo un trabajo de científico. Separé las muestras importantes y las coloqué a toda prisa en recipientes para poder limpiarlas, hasta la última piedra, hasta llegar a la piedra triangular que había encontrado el doctor. Acto seguido y con el corazón intentando escapar de mi pecho, descolgué el teléfono.

-¿Doctor?...Creo que debería venir a ver esto.
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miércoles, 19 de mayo de 2010

Prólogo, arriba el telón

Prólogo

Arriba el telón

“En el principio Creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba sin orden y Vacía. Había tinieblas sobre la faz del océano, y el Espíritu de Dios se Movía sobre la faz de las aguas. Entonces dijo Dios: "Sea la luz", y fue la luz. Dios vio que la luz era buena, y Separó Dios la luz de las tinieblas. Dios Llamó a la luz Día, y a las tinieblas las llamó noche.” –Génesis, capítulo 1-

-Muy bien leído Yura. ¡Bien! Con esto podemos dar por concluida la clase, recoged vuestros libros y acudid al aula de química.-

Corría el año 1986. La señorita Anya era una excelente y a la vez dura profesora, trataba a sus alumnos con vara de hierro y una disciplina militar, cada mañana, antes de comenzar con sus lecciones hacía que un alumno leyera un párrafo de la biblia para instruir a los jóvenes . Mi compañero Yura era uno de sus lectores predilectos, supongo que sería porque al pertenecer al coro del colegio sabía realizar buenas entonaciones, o tal vez fuera por el simple hecho de que le parecía de lo más estudioso, educado y gentil. Pero yo sabía que Yura de educado y gentil no tenía un pelo, a decir verdad, aprovechaba cada oportunidad que tenía para hacernos la vida imposible a los más bajitos, era en definitiva un cabrón en toda regla.
El colegio en el que estudiaba por aquel entonces era bastante pequeño, como es normal en un pueblo. Aunque no estuviéramos demasiado alejados de la ciudad de Prípiat la vida en nuestro pequeño hogar era, como poco, discreta. El colegio estaba situado en el centro del pueblo, las campanas sonaban por la mañana para llamarnos a misa antes de entrar junto con los padres profesores a las instalaciones educativas. Normalmente las clases eran aburridas pero ésta mañana en especial lo eran el cuádruple, con química a primera hora y borrascas de nacionalismo para toda la tarde, si, definitivamente el mes de abril no era un buen mes para alegrarse de ir al colegio.
El aula de química era cuanto menos, extravagante. Con jeringuillas, tubos de ensayo, probetas y animales destinados a sufrir horribles picores o cambios observables por los alumnos de nuestro desquiciado profesor; el señor Misha. El señor Misha podía bien parecerse a uno de esos locos a los que encerraban en la ciudad de Prípiat, con el pelo gris y andrajoso se paseaba por el aula cual moscardón que acecha una flor, bata blanca de científico y unas gafas tan enormes que abarcaban hasta las cejas, en conclusión, un elemento producto de la amada ciencia. Para rematar el pastel, decir no sobra que era tartamudo.

-“Bibien al alumnnnos, espepepero que hoy halláis tra…traido vuestras aggendas pooporque os assseguro qqque lo que vais a vvver es diidigno de aannnnnotarse y ccucucuenta para la nnnonota final.”-

Imaginen por un momento, solo por un momento, que son testigos de la transformación de una rana, en efecto, una transformación. El profesor Misha cogió aquel día un tubo de ensayo con unos guantes bien gruesos, lo vertió sobre la rana y acto seguido, no había rana. Sin duda toda una demostración de crueldad, ¿en cuanto a la utilidad del experimento? Supongo que la propiedad del ácido de transmutar anfibios con mala suerte.

Como cada mañana, allí estaba ella, yo no podía evitar que mi mirada se perdiera en medio del esplendoroso brillar rubio de aquellos cabellos lisos, ojos azules de cristalina mirada y piel tersa y blanca, como el más puro rayo de divinidad, tan hermosa y frágil como la más bella flor, y tan ardiente, pasional y atractiva como una ninfa que susurra al desdichado corazón de un pobre idiota. Hablo por supuesto de mi amor platónico, Tanya.
Era la chica más guapa de todo el colegio y aunque no podía verla en clase por aquello de que a los hombres no se nos permitía estar con las mujeres, siempre podía verla desde la ventana del aula de química. Ella no me miraba nunca, solo en una ocasión, cuando estornudó y le enseñé un pañuelo desde mi ventana, el recuerdo de aquella sonrisa no dejará nunca de iluminar mi memoria. Pero aquella mañana todo cambió, las luces se apagaron en todo el colegio y el silencio se apoderó del aula casi parecía que pudiera cortar la tensión con el bisturí que tenía en la mano. El suelo comenzó a temblar, primero levemente y después se convirtió en un poderoso agitar que tumbó las sillas, asustados nos escondimos bajo las mesas para evitar ser golpeados, los trozos de techo se estrellaban contra el suelo y el ácido de las probetas no tardó en corroer las mesas y agendas, los gritos y llantos duraron tanto como duró el movimiento y al final, silencio.
Salí de mi refugio en búsqueda de la ventana ¿ella estaría bien? No vi nada, el edificio estaba bien pero el cristal se había roto, la clase estaba destrozada y mi corazón parecía querer reventar y salir del pecho, desde aquel día en la ventana mis ojos jamás volverían a ver nada, a lo lejos, una luz blanca se extendió desde el horizonte.

“Entonces dijo Dios: "Sea la luz", y fue la luz.”
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martes, 18 de mayo de 2010

La primera, de espero que muchas.

Ante todo las presentaciones.

Mi nombre es Carlos López Caubín. Soy escritor amateur y como todo buen principiante estoy comenzando lo que espero acabe convirtiéndose en una obra literaria que la gente pueda leer.
Decidí crear este blog porque, de alguna manera todo lector, es un amigo. Y vosotros, los que estéis leyendo esto sois amigos míos, si, vosotros, los de la pantalla.

Espero de todos el disfrute mutuo, tanto mío escribiendo como el vuestro leyendo. Vuestras críticas, tanto buenas como malas serán recibidas con los brazos abiertos, a todos, un saludo y bienvenidos.

PD: las publicaciones de los capítulos se harán en un principio los miércoles, con apariciones extraordinarias algunos fines de semana en los que puedan aparecer ramalazos de inspiración lírica.


PD2: Agradecimientos a Leyendas de intelon, por sus diversas ideas que han ayudado al desarrollo de este blog.
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