martes, 1 de junio de 2010

Capítulo tercero. (Tormentas de arena)

Capítulo tercero.
Tormentas de arena
-¿Pero qué mierda ha pasado aquí?-

Ya ronco seguía gritando, mis ojos se habían secado de llorar y ni siquiera había escuchado el sonido del jeep del profesor al llegar. Apartó mi cuerpo del de Hamas y comprobó lo que yo llevaba sufriendo durante más de tres cuartos de hora, cubierto de arena y sangre solo podía balbucear su nombre en un intento inútil por recuperar su vida perdida.

-¡Eón! ¿Qué cojones ha pasado?-

-Por el amor de Dios, solo era un niño, un niño…-No dejé de repetir esas palabras aunque el profesor siguiera bombardeándome a preguntas, no oía ni veía nada, solo un cielo estrellado que se había tragado el alma de un inocente como quien traga aire al respirar. Un bofetón me devolvió a la realidad.
-¡Te he hecho una pregunta!-

-El…el doctor Nollsworth.-

-¿El doctor ha estado aquí?-

-Si…- El profesor cortó las cuerdas que me ataban las manos, tenía las muñecas en carne viva cubiertas de arena y sangre, pero apenas las notaba.

-¿Qué vino a hacer ese hijo de perra aquí?-

-Cobrar, vi…vino a cobrar- El rostro del doctor se tornó en una expresión de furia y odio, sin mediar palabra cogió en los brazos el cuerpo sin vida de Hamas y se dirigió a la excavación-

-¿Dónde va?-

-No hay tiempo de cavar una tumba, lo enterraré como se merece-

-Doctor yo…yo no pude hacer nada ¡No pude mirarle a la cara y detenerlo!-

-No te preocupes, Nollsworth pagará este asesinato. ¿Qué le diste para pagarle?- El corazón se me encogió en un puño, el frío de la noche desértica me caló los huesos mientras un escalofrío recorría mi espalda, se me había olvidado por completo.

-¡La piedra triangular!- El doctor detuvo su avance y girándose clavó su penetrante mirada en mis ojos.

-¿Me estás diciendo, que ese hijo de puta ha matado a Hamas por una jodida e inútil piedra?-

-Se… ¡se había escrito algo!-

-¿Cómo?-

-¡Sí!, yo estaba investigándola cuando usted se fue y se me calló el agua que me trajo Hamas sobre la piedra, y cuando me quise dar cuenta algo se había escrito en su superficie.-

-Creo que estás conmocionado por lo ocurrido, lo que dices es para encerrarte.-

-¡Le digo que es verdad!- Me lancé contra el profesor como un perro rabioso, agitándolo mientras lo agarraba de la camisa, casi tiro el cuerpo de Hamas en mi ataque de ira.

-¡Vale joder, pero suéltame!- Tranquilizándome, solté lentamente la camisa del profesor.-Se que estás conmocionado, después de enterrar a Hamas volveremos al campamento y te curaré esas heridas.

Entramos en la excavación y el profesor dejó a Hamas dentro de una de las tumbas vacías que habíamos encontrado, después de taparla el profesor me ayudó a volver al campamento. Las piernas me temblaban y no podía aguantar la jarra con tila que me había preparado, la manta de abrigo apenas hacía efecto y los sollozos volvieron más de una vez. Poco a poco mis ojos se cerraron y me rendí al cansancio dejándome caer en mi cama, lo último que recuerdo es escuchar a Swann hacer una llamada.

-Buenos días-

El caluroso amanecer me saludó por la mañana, tenía las muñecas vendadas y apenas me había recostado en la cama sentí un profundo pinchazo en las costillas, todo el cuerpo me dolía.

-No deberías moverte, caíste rendido anoche y aproveché para llamar a la policía y a un médico, te han aseado y han limpiado tus heridas, al parecer el contacto con la arena ha provocado una infección pero te la han limpiado, aunque no podrás esperar demasiado de tus manos hasta dentro de dos o tres días. ¿Cómo te encuentras?-
-Lo de anoche fue real, ¿verdad?-

-Me temo que sí, la familia de Hamas ya lo sabe y han ido a ver la tumba de su hijo, parece que lo dejarán allí.-

-¿Cómo ha podido?-

-Supongo que lo de la piedra sería importante, anoche dijiste una barbaridad, estabas en estado de shock así que supongo que no verías las escrituras en un principio.-

-Doctor, le juro por mi vida que no aparecieron hasta que les cayó el agua encima.-

-Bien… ¿Y qué ponía exactamente?-

-No lo sé, no lo entendía.-

- vístete.-

-¿A dónde vamos?-

-A la biblioteca, seguro que allí encontramos un libro en el que puedas encontrar el idioma de la piedra.-

Aunque dolorido, me levanté de la cama y me vestí, el profesor me cedió una muleta con la que podía andar un poco más aliviado. Nos subimos al jeep y arrancamos de camino al pueblo más cercano. En esta región del desierto la ciudad más cercana queda mucho más lejos de lo que un jeep pueda soñar con llegar, en el pueblo hay un helipuerto que lleva a los visitantes por un módico precio. El resto solo son casas egipcias de arcilla y una biblioteca pagada con las aportaciones de numerosos investigadores dada la gran cantidad de tumbas que se encontraron en su día en el oasis, la poca cantidad de gente y el obvio reducido número de colegas ha hecho de este pueblucho un hervidero de ratas como el profesor Nollsworth, que roban y cobran “impuestos” a voluntad.
Tras media hora llegamos al pueblo, el profesor aparcó el jeep en la parte de atrás de la biblioteca.

-Vamos, lo que has descubierto podría ser el mayor hallazgo de la historia y no quiero que ese cerdo me lo robe.- A paso ligero, o al menos, al máximo que yo podría haber ido, nos dirigimos a la entrada principal. Justo antes de llegar a la esquina el profesor me detuvo y me tapó la boca.

-Escucha.-

-¿Si, hablo con el señor Asimov? Soy el señor Nollsworth, me gustaría comentarle algo de incalculable valor que seguramente estará gustoso de oir. Ajá, si…¿Qué no puede? Bueno, dígale al señor que tal vez las palabras “Nuevo orden” le resulten atractivas… ¿Qué ahora me llama? Claro claro, sin problemas.-

El doctor Nollsworth salía de la biblioteca con un pañuelo bajo el brazo, debajo de él pude distinguir claramente la piedra y aunque no sabíamos con quién hablaba sí que adivinamos perfectamente el cambio monetario que estaba a punto de hacer. Acompañado de sus secuaces subió a un coche negro y arrancaron de camino al helipuerto.

-¿nuevo orden?-

-No te preocupes por eso ahora, céntrate en encontrar en esta biblioteca un idioma que encaje con lo que viste.-

Entramos en la biblioteca cuando el coche se perdió en una esquina, el doctor iba bastante apurado y enseguida se acercó al mostrador para preguntar por un teléfono y la sección de idiomas.

-Tú ve a buscar los símbolos, yo tengo que hacer un par de llamadas.-

El televisor de la biblioteca no era muy distinto al que teníamos en el campamento, y aunque no entendía lo que retransmitían me serviría como acompañante para la intensa lectura a la que estaba a punto de someterme
Durante horas examiné los escritos, uno tras otro, pero no encontré nada. La inmensa cantidad de libros de runas y escritos que se abrían ante mi me pareció interminable y durante casi medio día solo fue un fracaso tras otro. El profesor seguía haciendo llamadas mientras yo solo leía y leía, hasta que me di por vencido y me acerqué hasta donde estaba.

-Aquí no hay nada que encaje con lo que vi-

-¿Estás seguro?-

-Sí, completamente-

-Pues vámonos-

Una vez más, subimos al jeep después de horas de espera. De camino al campamento el profesor me preguntó sobre los símbolos y tampoco encajaban con nada que él pudiera recordar, a mitad del recorrido el profesor tornó su expresión y quedó serio, apenas habló en diez minutos hasta que al final se me quedó mirando un momento.

-¿Puedes conducir?-

-¿Qué?-

-No te alteres, pero ese jeep de atrás nos lleva siguiendo desde que salimos del pueblo-

-¿Qué jeep?-

-El que intenta esconderse tras la arena que levantamos- Entonces lo vi, un jeep de color tierra asomó levemente del rastro que dejábamos.

-Oh dios…-

-No es momento de acojonarse, agarra el volante y dirígete a la excavación, te conoces mejor el oasis que ellos.- El profesor se soltó el cinturón y pasó a la parte de atrás, apurado y asustado intenté coger el volante y ponerme en su lugar pero no pude evitar dar un golpe brusco y casi volcamos.

-¡Ten cuidado joder!-

- ¡No me apunté en la carrera para que me persiguieran sicarios!- Las balas comenzaron a zumbar y a estrellarse contra el jeep, agaché la cabeza en un intento desesperado por mantenerme vivo y las imágenes de Hamas comenzaron a zumbar en mi cabeza.

-¡Me cago en la puta, ¿quieres abrir los jodidos ojos?- El profesor había sacado una pistola de las cajas y respondía a los disparos, pero aparentemente no sirvió de nada. El jeep se agitaba castigando los amortiguadores y yo no levantaba el pie del acelerador ni por un momento, estaba demasiado asustado como para poder mantener bien el coche. La persecución se hacía más violenta, el jeep nos alcanzó y golpeó por detrás, apenas podía sujetar el volante. A lo lejos, divisé la excavación.

-¡La veo, estamos llegando!- El profesor volvió a saltar al asiendo delantero.

- ¡Estos cabrones van en serio, aguanta!-
Aguanté el volante recto todo lo que pude, firme y sin flaquear, el oasis cada vez estaba más cerca y entonces comprendí que la familia de Hamas estaba por los alrededores, no se atreverían a dispararnos con todos allí, estaba claro, el plan había dado resultado.
Noté algo caliente en el brazo, primero débil y luego el dolor se hizo tan intenso que no pude reprimir un grito de dolor, perdí la fuerza y se me escapó el volante. Escuché los gritos del profesor mientras el jeep fuera de control volcaba y comenzaba a dar vueltas de campana, al final, nos estrellamos contra la excavación y todo se nos vino encima, apagando por completo la luz.
Creí que me iba a reventar la cabeza, escuchaba los escombros rodar golpeandome en la cara, el sonido del agua correr, la oscuridad…
Palpé con las manos y encontré el cuerpo del profesor, comprobé si estaba atrapado y no pude tirar de él, por suerte yo parecía poder moverme. Notaba las costillas de mi cuerpo rotas, clavándoseme en la carne, rebusqué en la chaqueta del profesor y encontré una luz fosforescente, la doblé y el verdor frío y estéril bañó el cuerpo del profesor. Tenía una pierna atrapada bajo el jeep, pero ¿dónde estábamos? Escruté la oscuridad, al parecer el accidente había derrumbado el suelo de la cárcel y habíamos entrado en una galería cuya existencia desconocía, eso, o lo que teníamos encima era un derrumbamiento e íbamos a morir allí, pero el túnel parecía alargarse.

-¡Profesor! ¿Puede oírme?- En cuanto lo zarandeé un poco el profesor recobró parcialmente la conciencia.

-Mi…mi pierna.-

-Está atrapado, no sé si podré hacer palanca con algo.- Busqué algo para mover el jeep, pero ya sabía de antemano que no iba a poder sacar su pierna de ahí.-No…no encuentro nada.- El profesor suspiró y al igual que yo investigó el lugar.

-¿Dónde estamos?-

-No lo sé, creo que el jeep derrumbó un piso y hemos llegado a una galería-

-Pues claro…galerías bajo las tumbas… ¡joder¡- El profesor gritó de dolor, se llevó la mano a la pierna y apretó los dientes. Me acerqué a él para sujetarlo y que no se moviera.- Estoy bien jodido…-

-No, no lo está, esperaremos a la familia de Hamas y ellos le sacarán-

-Esa gente no nos sacará de aquí…-El profesor me clavó la mirada.-Entra en el jeep, encontrarás una caja de herramientas sujeta a la parte trasera, espero que no haya salido volando.-

-¿Qué cojones quiere de la caja de herramientas?-

-¡Tráemela!- Obedecí. La caja por suerte estaba donde él había dicho, sujeta con cuerdas, pero abierta y las herramientas habían salido volando.

-No hay nada.-

-Ven aquí.- Me acerqué al profesor, despacio y con la mano en las costillas.- Escúchame, está claro que no voy a salir de esta si no me ayudas, así que vas a cogerme de las manos, vas a tirar de mí y vas a hacerme un torniquete.-

-No puedo hacer eso…yo no…- Una vez más, comencé a entrar en estado de shock y caí de rodillas. El profesor me agarró del cogote y aferrándome el pelo me habló con una sequedad como nunca antes había oído en el.

-Escúchame, Eón. Si no lo haces, moriré.-

Me quité la camisa y la rasgué para hacer un torniquete, el corazón comenzó a latirme frenético cuando agarré al profesor por las dos manos, conté hasta tres y tiré con todas mis fuerzas, notando como se separaba el hueso de la carne y el tendón del músculo, los gritos de dolor se expandieron por la galería. Con los ojos entrecerrados apreté fuertemente el torniquete por debajo de la rodilla, la sangre del profesor la tiñó pronto de rojo y mi cuerpo acabó igual, una vez más, tenía la sangre de un ser querido por encima. Apresuradamente, ayudé al profesor a andar apoyándose en mi, mientras que yo me apoyaba en la muleta, el sujetaba la linterna fluorescente.

-¿Cuánto tiempo tenemos de luz?-

-Una media hora, pero me preocupa más cuanto nos queda de aire, vamos, sigue la galería.-

Avanzamos por un túnel que se abría camino, poco a poco las fuerzas abandonaban mi cuerpo y el rumor del agua se hacía más fuerte, al final, unos retazos de luz nos trajeron esperanza, pero nuestro ánimo se vino abajo cuando observamos que el túnel llegaba a su final, terminado en una pintura de un hombre que seguramente sería enterrado allí. Al llegar al final, me derrumbé y caímos al suelo.

-Muertos…estamos muertos-

-No te des por vencido, si hay luz hay una salida-

-¡No no la hay, solo tenemos tumba de vete tú a saber qué esclavo y encima morirem…!- Algo bueno había en todo aquello, un haz de esperanza me vino a la cabeza. -¡Profesor!, los símbolos, ¡son estos!-

Contemplando la figura y las runas me di cuenta de que les faltaba un pedazo, aunque no las entendiera en la parte superior central había un borrón que faltaba. El profesor enmudeció mirando el estampado.

-Eso es imposible…No puede ser.-

-Se lo juro ¡Son estas! ¿Sabe leerlas?-

-No, y desde el año 2015 después de la matanza de oriente medio dudo que nadie pueda-

-¿Qué lengua es?-

-Arameo.-

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