Prólogo
Arriba el telón
“En el principio Creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba sin orden y Vacía. Había tinieblas sobre la faz del océano, y el Espíritu de Dios se Movía sobre la faz de las aguas. Entonces dijo Dios: "Sea la luz", y fue la luz. Dios vio que la luz era buena, y Separó Dios la luz de las tinieblas. Dios Llamó a la luz Día, y a las tinieblas las llamó noche.” –Génesis, capítulo 1-
-Muy bien leído Yura. ¡Bien! Con esto podemos dar por concluida la clase, recoged vuestros libros y acudid al aula de química.-
Corría el año 1986. La señorita Anya era una excelente y a la vez dura profesora, trataba a sus alumnos con vara de hierro y una disciplina militar, cada mañana, antes de comenzar con sus lecciones hacía que un alumno leyera un párrafo de la biblia para instruir a los jóvenes . Mi compañero Yura era uno de sus lectores predilectos, supongo que sería porque al pertenecer al coro del colegio sabía realizar buenas entonaciones, o tal vez fuera por el simple hecho de que le parecía de lo más estudioso, educado y gentil. Pero yo sabía que Yura de educado y gentil no tenía un pelo, a decir verdad, aprovechaba cada oportunidad que tenía para hacernos la vida imposible a los más bajitos, era en definitiva un cabrón en toda regla.
El colegio en el que estudiaba por aquel entonces era bastante pequeño, como es normal en un pueblo. Aunque no estuviéramos demasiado alejados de la ciudad de Prípiat la vida en nuestro pequeño hogar era, como poco, discreta. El colegio estaba situado en el centro del pueblo, las campanas sonaban por la mañana para llamarnos a misa antes de entrar junto con los padres profesores a las instalaciones educativas. Normalmente las clases eran aburridas pero ésta mañana en especial lo eran el cuádruple, con química a primera hora y borrascas de nacionalismo para toda la tarde, si, definitivamente el mes de abril no era un buen mes para alegrarse de ir al colegio.
El aula de química era cuanto menos, extravagante. Con jeringuillas, tubos de ensayo, probetas y animales destinados a sufrir horribles picores o cambios observables por los alumnos de nuestro desquiciado profesor; el señor Misha. El señor Misha podía bien parecerse a uno de esos locos a los que encerraban en la ciudad de Prípiat, con el pelo gris y andrajoso se paseaba por el aula cual moscardón que acecha una flor, bata blanca de científico y unas gafas tan enormes que abarcaban hasta las cejas, en conclusión, un elemento producto de la amada ciencia. Para rematar el pastel, decir no sobra que era tartamudo.
-“Bibien al alumnnnos, espepepero que hoy halláis tra…traido vuestras aggendas pooporque os assseguro qqque lo que vais a vvver es diidigno de aannnnnotarse y ccucucuenta para la nnnonota final.”-
Imaginen por un momento, solo por un momento, que son testigos de la transformación de una rana, en efecto, una transformación. El profesor Misha cogió aquel día un tubo de ensayo con unos guantes bien gruesos, lo vertió sobre la rana y acto seguido, no había rana. Sin duda toda una demostración de crueldad, ¿en cuanto a la utilidad del experimento? Supongo que la propiedad del ácido de transmutar anfibios con mala suerte.
Como cada mañana, allí estaba ella, yo no podía evitar que mi mirada se perdiera en medio del esplendoroso brillar rubio de aquellos cabellos lisos, ojos azules de cristalina mirada y piel tersa y blanca, como el más puro rayo de divinidad, tan hermosa y frágil como la más bella flor, y tan ardiente, pasional y atractiva como una ninfa que susurra al desdichado corazón de un pobre idiota. Hablo por supuesto de mi amor platónico, Tanya.
Era la chica más guapa de todo el colegio y aunque no podía verla en clase por aquello de que a los hombres no se nos permitía estar con las mujeres, siempre podía verla desde la ventana del aula de química. Ella no me miraba nunca, solo en una ocasión, cuando estornudó y le enseñé un pañuelo desde mi ventana, el recuerdo de aquella sonrisa no dejará nunca de iluminar mi memoria. Pero aquella mañana todo cambió, las luces se apagaron en todo el colegio y el silencio se apoderó del aula casi parecía que pudiera cortar la tensión con el bisturí que tenía en la mano. El suelo comenzó a temblar, primero levemente y después se convirtió en un poderoso agitar que tumbó las sillas, asustados nos escondimos bajo las mesas para evitar ser golpeados, los trozos de techo se estrellaban contra el suelo y el ácido de las probetas no tardó en corroer las mesas y agendas, los gritos y llantos duraron tanto como duró el movimiento y al final, silencio.
Salí de mi refugio en búsqueda de la ventana ¿ella estaría bien? No vi nada, el edificio estaba bien pero el cristal se había roto, la clase estaba destrozada y mi corazón parecía querer reventar y salir del pecho, desde aquel día en la ventana mis ojos jamás volverían a ver nada, a lo lejos, una luz blanca se extendió desde el horizonte.
“Entonces dijo Dios: "Sea la luz", y fue la luz.”
miércoles, 19 de mayo de 2010
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5 comentarios:
Simplemente bueno
Me gusta, pero pones a la chica demasiado perifantástica. ¿qu´´e te parece? Quiero más...
Carlitos!!!
Soy Aran!!!! Voy a seguir tu historia ya que como siempre me encanta lo que escribes ^^
A ver si podemos hablar mas, esta uni que nos absorve por completo >.<
Un beso wapo!!!!!
^^ espero que te siga gustando, como siempre, eres un impulso a las ganas de escribir!
Que decir con algo de semejante magnitud??
Sinceramente no esta mal pero creo que con lo de la chica te has pasado un poco, pero de momento va bien. LA parte mala, no es un genero que me guste pero prometo intentar seguir leyendo X)
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