miércoles, 16 de junio de 2010

Capítulo quinto (misterios en la oscuridad)

Capítulo quinto
Misterios en la oscuridad

-¿Inspector Hatib?-

-Sí-

-Menos mal que ha llegado usted, al parecer el accidente es más grave de lo que pensábamos.-

-¿Han rescatado los cuerpos?-

-Sí, las víctimas son dos hombres, el forense está realizando trabajos de identificación pero parece que la muerte no fue hace demasiado.-

-Bien-

-¿Quiere un abrigo?-

-No gracias, esta chaqueta es calefactora, ¿dónde están los cuerpos?-

-Al parecer tuvieron un accidente y estaban sepultados, el jeep en el que viajaban se estrelló contra una excavación y no sobrevivieron-

-Menuda mierda de noche para morirse, ¿se ha identificado a las víctimas?-

-No señor, pero hemos encontrado agujeros de bala en el vehículo-

-¿Qué?-

-Sí señor, agujeros de bala de un arma anterior a la guerra seguramente provenientes del mercado negro, las balas no han podido ser identificadas.-

-Genial, ¿Alguna otra buena noticia?-

-Sí, hemos encontrado marcas de…ellos.-

El azul iris del inspector quedó clavado ante la escurridiza mirada del policía egipcio, la referencia identificada con el incómodo sonido precedente no dejaba lugar a dudas de que el problema podría pintar gordo.

-¿Ellos?-

-Sí señor, ya sabe…-

-Comprendo, ¿Porqué se sospecha de su presencia en el lugar?-

-Hemos encontrado restos de sangre contaminada por la enfermedad-

-Vamos hombre, no me jodas.-

-No señor-

-Llévame hasta el forense-

-Si señor-

El joven policía llevó al inspector más allá del cordón holográfico protector, después de bajar unas escalas extensibles hasta el agujero derruido de la excavación dejó a Hatib con el forense, que en ese momento terminaba de tapar el segundo de los cuerpos con una tela blanca.

-Vaya inspector, parece que aún en nuestro tiempo siguen existiendo las desgracias eh.-

-Sí, ni el gobierno unificado puede pretender que los sicarios no sigan apareciendo-
-¿Sicarios inspector?-

-Me han informado de agujeros de bala en la chapa del jeep, no imagino a otros que hayan podido hacer eso.-

-Oh, comprendo, pero me temo que estos dos han muerto por aplastamiento, no por bala, aunque lo comprobaré en el hospital pero estoy casi seguro de que no es así, no sé qué estarían haciendo aquí pero uno de los policías ha ido a preguntar a una caravana de camellos que vieron cerca.-

Echando un vistazo el inspector se percató de los agujeros de bala de los que hablaba el policía, el lugar estaba destrozado y aunque no entendía demasiado sobre tumbas y antiguas cárceles en ruinas podía apreciarse claramente el destrozo que había provocado el accidente. Lápidas rotas, sangre y restos destrozados de instrumentos arqueológicos. Algo llamó su atención, otro pañuelo blanco tapaba un cuerpo del tamaño de un niño pequeño.

-Oiga, doctor, ¿no dijo que solo había dos cuerpos?- Por la inercia de la curiosidad levantó el pañuelo, soltándolo con repugnancia al momento de ver lo que había debajo.

-¡Me cago en la puta, es una jodida pierna!-

La visión de una pierna amputada con los tendones colgando y un trozo astillado de hueso fuera provocó una arcada al inspector que pronto se llevó la mano a la boca.

-¿Qué coño hace una pierna sin cuerpo por ahí?-

-Pues no lo sé inspector, es todo un misterio.-

-¿No pertenece a alguno de los fallecidos?-

-Créame, no me hacen falta seis años de medicina para saber cuando a una persona le falta una pierna o no.-

-Ya…Pues más nos vale encontrar a su dueño, ¿Ha cogido muestras?-

-Para nada inspector- El doctor metió sus cosas en el maletín y ajustándose las gafas lanzó una sonrisa sarcástica al inspector.

-Ahora me voy, tengo que llevar todo esto a analizar. Ah, apropósito, no sé si se lo dijo el policía pero han encontrado marcas de…ellos.-

-Sí, me lo dijo.-

-¿Y también le dijo que habían encontrado un túnel oculto que el jeep había abierto en el accidente?-

-No, eso no me lo dijo-

-Se le habrá pasado, claro, es un detalle sin importancia, al fin y al cabo este sitio está lleno de cuevas y galerías.-

-Y piernas amputadas, no te jode…-Susurró el inspector mientras el doctor se marchaba.

El inspector buscó la escalera que llevaba al túnel y descendiendo los peldaños se preguntaba cómo podía haber acabado allí en una noche que parecía prometer tanto, a fin de cuentas, el Papa estaba a punto de dar su primera conferencia y él iba a perdérselo, de todos modos, lo interesante del caso parecía haberle hecho olvidar por completo temas de menor importancia. Armado con una linterna observó el jeep hundido en el agujero, los agujeros de bala eran también numerosos en esa parte y había muchísima sangre en el suelo. Llegó pronto a la conclusión de que la sangre pertenecería a alguno de los cuerpos atropellados de arriba, rebuscó con guantes de látex en el jeep a ver si encontraba algo, alguna pista, por pequeña que fuera que le llevara a un camino a seguir.
Después de más de una hora rebuscando el inspector se dejó caer rendido al suelo, ni una pista en ese montón de rocas. Dicen en cambio, que la suerte sonríe al que la necesita y no al que la busca, al sentarse con la linterna en mano el inspector pudo apreciar que la sangre no terminaba en aquel inmenso charco, más a lo lejos vio como lo que en un principio le parecieron manchas de aceite lejanas por el golpe resultaban destilar con un tono rojizo, se acercó apresuradamente y vio como las gotas se alejaban adentrándose en el túnel.
-¡Bingo!-

Apresurado y emocionado corrió siguiendo las gotas, hasta que al final llegó a un muro derruido en el que se podía apreciar un túnel toscamente escarbado y aparentemente poco seguro, al final del túnel, escuchó el rumor del agua y las voces de los policías. Claro estaba que su curiosidad nata le hizo pasar por alto la dudosa seguridad del túnel y se adentró sigiloso para ver a dónde llevaba, al final encontró un manantial, por la parte de arriba se colaba la luz de los focos, estaba en un pozo. Al fondo, dos policías con el uniforme de la división científica analizaban el agua.

-Claramente, uno de ellos ha estado aquí-

-No cabe duda está claro ¿No te parece increíble? Al fin y al cabo esa plaga sigue escondiéndose, vete tú a saber qué estaba haciendo aquí.

-¡Eh ustedes!- Una tercera voz retumbó en la construcción, provenía desde arriba.

-¿Si?-

-¡Suban inmediatamente y dejen todo como estaba!-

-¿Y quién lo manda?-

-Soy el capitán Hammon, jefe del departamento de investigación del gobierno unificado.-

-Hostia puta, mejor vámonos tío.- susurró uno de los guardias.- ¡Ya subimos capitán!-
Si el gobierno unificado metía las zarpas en el asunto estaba claro que el problema era bien gordo, oportunidad que no iba el inspector a dejar escapar. Serpenteó hasta la entrada del túnel y poniendo tierra de por medio llegó hasta el jeep, a lo lejos vio como los militares metían a los investigadores en un coche y se los llevaban, agazapado entre los escombros entró en su coche y sin encender las luces se marchó de allí a toda velocidad, mientras ordenaba al ordenador de a bordo marcar un teléfono.

-¿Operadora? Si, con la facultad de historia de la universidad de salamanca por favor…-

-Universidad de Salamanca, ¿dígame?-

-¡Hola! Con la profesora Laura por favor.-

-La profesora Laura no llegará hasta dentro de una semana ¿quiere que le deje un mensaje?-

-Sí, dígale que necesito que venga a Egipto en cuanto pueda, que es muy importante.-

-Muy bien, Egipto si, ¿de parte de?- En ese momento, el móvil comenzó a emitir un pequeño chirrido.

-Dígale que soy Hatib, nos presentó el doctor swann, dígale que ha pasado algo en su centro de investigaciones-

-No le oigo bien, ¿Ha dicho doctor swann?-

-¡no joder! Soy un amigo del doctor swann.- El zumbido del móvil aumentaba.

-Su amigo el doctor swann, muy bien, nota tomada...nece…¿más?- Apenas podía escuchar nada.

-¡Que no, que le digo que…!- El móvil, se cortó.

Detrás del inspector, resonó una voz.

-¿Se divierte, inspector?
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miércoles, 9 de junio de 2010

Capítulo cuarto (lecciones de historia)

Capítulo cuarto
Lecciones de historia

-Como veíamos en la clase de ayer, en el año 2015 la guerra de oriente medio acabó en desastre teniendo en cuenta que el gobierno americano decidió soltar el virus VR-5, como ya saben ustedes, el virus provocó la propagación de una epidemia respiratoria, añadiéndole a eso el clima de oriente medio ya podrán imaginarse ustedes cómo terminó la bromita. Actualmente y después de la condena a muerte del presidente americano Johnal, sucesor de Obama, y del general del ejército las tareas de repoblación en la zona siguen sin dar demasiados frutos.-

Las clases de la profesora Laura eran las mejores, teniendo en cuenta que siempre se metía con el gobierno americano y se quedaba tan campante, de todos modos no es raro que la gente en la universidad la odie, pone unos exámenes que difícilmente pueden ser superados por nadie.
Tengo que admitir que siempre que entra por la puerta me quedo un poco embobado, no es la típica rubia cañón ya lo sé, pero su pelo castaño entrenzado hasta la cintura y su cuerpo atlético no dejan espacio a que este pobre alumno de tercero de historia deje de mirarla.

-¡Señor Antonio!- La voz imperante de Laura me sobresaltó y di un bote en mi asiento, un movimiento obviamente ridículo que me hizo sonrojar. –Señor Antonio, ¿podría decirme de qué estaba hablando?-

-De la guerra de oriente medio-

-Eso fue hace diez minutos, deje de poner cara de tonto y atienda- Las risitas de mis compañeros flotaban en el aire, genial.
La clase terminó y salimos a tomar algo a la cafetería…
(…)

-Cada día son más idiotas, no solo no atienden sino que además tengo que ponerles exámenes facilitos para que los nenes aprueben-

-Creo que eres un poco dura, pero bueno, ya sabes que todo va en decadencia-

-No me toques los ovarios con lo de la decadencia, ¿quieres?-

-Vale vale Laura, no te sulfures.- Apropósito, mientras estabas en clase te ha llamado un par de veces un tal doctor Swann, dijo que era importante y que también te llamaría mañana, ha dejado un recado en secretaría para ti-

-¿El doctor Swann? Vaya, desde que se fue a Egipto no he tenido noticias de él, pero somos buenos amigos. ¿En secretaría dices?-

-Si-

De camino a secretaría recordaba los momentos vividos con el doctor, habiéndonos conocido en la facultad hace muchos años y teniendo experiencias previas de lo que solía hacer me extrañaba bastante esta llamada. Supongo que los arqueólogos se ven más interesados por las piedras que por las mujeres.

-Hola Rita, ¿tienes algo para mí?-

-Hola doctora, si, ha llamado un caballero y le ha dejado un mensaje-
Rita era la secretaria de la facultad, puede que la gente diga que el hecho de decir que las secretarias son cotillas es un tópico, pero Rita encarnaba ese papel a la perfección.

-¿Sabe? Dicen que el doctor Swann lleva tiempo detrás de algo muy gordo, debería usted aprovechar… ¡ya sabe a qué me refiero! Que donde hubo fuego cenizas quedan- Lo que más me sorprendía de Rita, es que solía tener razón, pero ese tono tan histriónico y demás factores hacían de ella una mujer un tanto repelente.

-Claro Rita, claro. Muchas gracias por coger el mensaje-

Al abrir el pequeño papel en el que Swann había dejado su mensaje, observé no solo que conservaba sus valores sino que además mantenía ese secretismo que tan poco me gustaba.

-“Laura, las cosas no van del todo bien por aquí, me gustaría que cogieras un vuelo y te vinieras. Atentamente, doctor Swann.”-

Claro, no tengo otra cosa que hacer en medio del curso que plantarme en el desierto para ver qué puñetas quiere saber un tipo al que conocí años atrás. Sabiendo cómo es seguramente solo querría que le ayudara con algún tema de historia. Arrugué el papelito y lo tiré a la papelera, ¿quién se cree que soy, su criada? De vuelta en la cafetería me encontré con el rector de la facultad, Ismael.

-Muy buenas tardes profesora, la veo un poco apurada-

-En efecto, he recibido un mensaje de un ex al que no tengo muchas ganas de ver- El rector lanzó una socarrona sonrisa.

-Sí, las antiguas relaciones no siempre salen bien.-

-No, si bien salió, pero él decidió que las piedras eran más interesantes que yo.-

-Ya bueno, te dejo, que he quedado.-

-Bien, dele duro a sus alumnos.-

-Oh, ten por seguro que voy a darle duro a algo, pero he quedado con mi ex mujer.- Una vez más, la sonrisa socarrona del rector me hizo sentir mejor.
El zumo de la tarde y el bocadillo entraron perfectamente, aunque sabría que no podría quitarme de la cabeza el maldito mensaje hasta un par de días también sabía que no haría caso a las peticiones de un tipo que en su momento me hizo daño solo por marcharse de aventura.
Salí de la facultad a eso de las nueve y en el patio de coches me esperaba otra sorpresita, al parecer algún alumno anónimo se había propuesto escribirme cartas de amor, estaba segura de que no iba a ocurrir nada con ningún niñito de universidad pero admito que recibir cartas con poemas y demás era divertido y agradable, aunque no me gustaría recibir flores o algo por el estilo. Metí la llave en la ranura y encendí mi viejo Ford, al contrario que el coche del abuelo este ya, por suerte, funcionaba con electricidad, no soporto el olor a gasolina.
De vuelta en mi piso de soltera lancé las llaves contra la mesa, me tiré en el sofá y puse la tele esperando que algún programa hubiera decidido evaporarse y me brindaran una buena película, con mucha sangre y gente que explota por los aires, si no hay gente que explote no tiene gracia.
De pronto, la puerta. Me había quedado dormida y tres golpes fuertes me despertaron, era la una de la mañana. ¿Quién mierda puede ser a estas horas? Medio dormida y extrañada me levanté del sofá, otros tres golpes fuertes.

-¿Quién es?-

-¿Profesora Laura? Soy el rector Ismael, ábrame por favor.- Abrí la puerta con el pestillo y efectivamente, allí estaba el rector, quité el pestillo y lo dejé pasar. Estaba sudando y un poco pálido, entró en mi casa apresurado y muy nervioso.

-¿Le ocurre algo?-

-Ha sido horrible, unos tipos abajo me han intentado atracar, me han sacado una navaja y les he dado todo lo que tenía-

-Vaya putada, ¿pero está usted bien, le han hecho algo?-

-No, pero se han llevado los papeles de la universidad y eran papeles importantes que debía entregar mañana, joder, adiós a mi puesto de rector-

-Bueno, no se preocupe, voy a prepararle una tila o una manzanilla, un momento. Siéntese en el sofá si quiere.- Así lo hizo. Preparé una infusión y mientras se la tomaba pareció calmarse un poco.

-Voy a llamar a la policía.-

-No será necesario, ya lo hice yo.-

-¿Les dijo que estaba usted aquí?-

-Sí, no creo que tarden en llegar.- Efectivamente, la puerta volvió a sonar. La abrí con cuidado y allí estaban, dos policías de azul con el uniforme del gobierno unificado.

-Hemos recibido una llamada de esta dirección ¿es correcto?-

-Sí, pasen, el denunciante está en el salón ¿quieren algo de beber?-

-Estamos de servicio, pero gracias-

Los llevé al salón e Ismael me miró, se levantó del sofá y miró a los policías, su cara palideció.

-Laura, estos dos no son policías…-

Noté un fuerte golpe en la cabeza y todo se volvió confuso, borroso, el sonido de un disparo con silenciador apagó la luz y la forma borrosa de Ismael calló de bruces al suelo, donde permaneció hasta que yo no volví a ver nada.
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martes, 1 de junio de 2010

Capítulo tercero. (Tormentas de arena)

Capítulo tercero.
Tormentas de arena
-¿Pero qué mierda ha pasado aquí?-

Ya ronco seguía gritando, mis ojos se habían secado de llorar y ni siquiera había escuchado el sonido del jeep del profesor al llegar. Apartó mi cuerpo del de Hamas y comprobó lo que yo llevaba sufriendo durante más de tres cuartos de hora, cubierto de arena y sangre solo podía balbucear su nombre en un intento inútil por recuperar su vida perdida.

-¡Eón! ¿Qué cojones ha pasado?-

-Por el amor de Dios, solo era un niño, un niño…-No dejé de repetir esas palabras aunque el profesor siguiera bombardeándome a preguntas, no oía ni veía nada, solo un cielo estrellado que se había tragado el alma de un inocente como quien traga aire al respirar. Un bofetón me devolvió a la realidad.
-¡Te he hecho una pregunta!-

-El…el doctor Nollsworth.-

-¿El doctor ha estado aquí?-

-Si…- El profesor cortó las cuerdas que me ataban las manos, tenía las muñecas en carne viva cubiertas de arena y sangre, pero apenas las notaba.

-¿Qué vino a hacer ese hijo de perra aquí?-

-Cobrar, vi…vino a cobrar- El rostro del doctor se tornó en una expresión de furia y odio, sin mediar palabra cogió en los brazos el cuerpo sin vida de Hamas y se dirigió a la excavación-

-¿Dónde va?-

-No hay tiempo de cavar una tumba, lo enterraré como se merece-

-Doctor yo…yo no pude hacer nada ¡No pude mirarle a la cara y detenerlo!-

-No te preocupes, Nollsworth pagará este asesinato. ¿Qué le diste para pagarle?- El corazón se me encogió en un puño, el frío de la noche desértica me caló los huesos mientras un escalofrío recorría mi espalda, se me había olvidado por completo.

-¡La piedra triangular!- El doctor detuvo su avance y girándose clavó su penetrante mirada en mis ojos.

-¿Me estás diciendo, que ese hijo de puta ha matado a Hamas por una jodida e inútil piedra?-

-Se… ¡se había escrito algo!-

-¿Cómo?-

-¡Sí!, yo estaba investigándola cuando usted se fue y se me calló el agua que me trajo Hamas sobre la piedra, y cuando me quise dar cuenta algo se había escrito en su superficie.-

-Creo que estás conmocionado por lo ocurrido, lo que dices es para encerrarte.-

-¡Le digo que es verdad!- Me lancé contra el profesor como un perro rabioso, agitándolo mientras lo agarraba de la camisa, casi tiro el cuerpo de Hamas en mi ataque de ira.

-¡Vale joder, pero suéltame!- Tranquilizándome, solté lentamente la camisa del profesor.-Se que estás conmocionado, después de enterrar a Hamas volveremos al campamento y te curaré esas heridas.

Entramos en la excavación y el profesor dejó a Hamas dentro de una de las tumbas vacías que habíamos encontrado, después de taparla el profesor me ayudó a volver al campamento. Las piernas me temblaban y no podía aguantar la jarra con tila que me había preparado, la manta de abrigo apenas hacía efecto y los sollozos volvieron más de una vez. Poco a poco mis ojos se cerraron y me rendí al cansancio dejándome caer en mi cama, lo último que recuerdo es escuchar a Swann hacer una llamada.

-Buenos días-

El caluroso amanecer me saludó por la mañana, tenía las muñecas vendadas y apenas me había recostado en la cama sentí un profundo pinchazo en las costillas, todo el cuerpo me dolía.

-No deberías moverte, caíste rendido anoche y aproveché para llamar a la policía y a un médico, te han aseado y han limpiado tus heridas, al parecer el contacto con la arena ha provocado una infección pero te la han limpiado, aunque no podrás esperar demasiado de tus manos hasta dentro de dos o tres días. ¿Cómo te encuentras?-
-Lo de anoche fue real, ¿verdad?-

-Me temo que sí, la familia de Hamas ya lo sabe y han ido a ver la tumba de su hijo, parece que lo dejarán allí.-

-¿Cómo ha podido?-

-Supongo que lo de la piedra sería importante, anoche dijiste una barbaridad, estabas en estado de shock así que supongo que no verías las escrituras en un principio.-

-Doctor, le juro por mi vida que no aparecieron hasta que les cayó el agua encima.-

-Bien… ¿Y qué ponía exactamente?-

-No lo sé, no lo entendía.-

- vístete.-

-¿A dónde vamos?-

-A la biblioteca, seguro que allí encontramos un libro en el que puedas encontrar el idioma de la piedra.-

Aunque dolorido, me levanté de la cama y me vestí, el profesor me cedió una muleta con la que podía andar un poco más aliviado. Nos subimos al jeep y arrancamos de camino al pueblo más cercano. En esta región del desierto la ciudad más cercana queda mucho más lejos de lo que un jeep pueda soñar con llegar, en el pueblo hay un helipuerto que lleva a los visitantes por un módico precio. El resto solo son casas egipcias de arcilla y una biblioteca pagada con las aportaciones de numerosos investigadores dada la gran cantidad de tumbas que se encontraron en su día en el oasis, la poca cantidad de gente y el obvio reducido número de colegas ha hecho de este pueblucho un hervidero de ratas como el profesor Nollsworth, que roban y cobran “impuestos” a voluntad.
Tras media hora llegamos al pueblo, el profesor aparcó el jeep en la parte de atrás de la biblioteca.

-Vamos, lo que has descubierto podría ser el mayor hallazgo de la historia y no quiero que ese cerdo me lo robe.- A paso ligero, o al menos, al máximo que yo podría haber ido, nos dirigimos a la entrada principal. Justo antes de llegar a la esquina el profesor me detuvo y me tapó la boca.

-Escucha.-

-¿Si, hablo con el señor Asimov? Soy el señor Nollsworth, me gustaría comentarle algo de incalculable valor que seguramente estará gustoso de oir. Ajá, si…¿Qué no puede? Bueno, dígale al señor que tal vez las palabras “Nuevo orden” le resulten atractivas… ¿Qué ahora me llama? Claro claro, sin problemas.-

El doctor Nollsworth salía de la biblioteca con un pañuelo bajo el brazo, debajo de él pude distinguir claramente la piedra y aunque no sabíamos con quién hablaba sí que adivinamos perfectamente el cambio monetario que estaba a punto de hacer. Acompañado de sus secuaces subió a un coche negro y arrancaron de camino al helipuerto.

-¿nuevo orden?-

-No te preocupes por eso ahora, céntrate en encontrar en esta biblioteca un idioma que encaje con lo que viste.-

Entramos en la biblioteca cuando el coche se perdió en una esquina, el doctor iba bastante apurado y enseguida se acercó al mostrador para preguntar por un teléfono y la sección de idiomas.

-Tú ve a buscar los símbolos, yo tengo que hacer un par de llamadas.-

El televisor de la biblioteca no era muy distinto al que teníamos en el campamento, y aunque no entendía lo que retransmitían me serviría como acompañante para la intensa lectura a la que estaba a punto de someterme
Durante horas examiné los escritos, uno tras otro, pero no encontré nada. La inmensa cantidad de libros de runas y escritos que se abrían ante mi me pareció interminable y durante casi medio día solo fue un fracaso tras otro. El profesor seguía haciendo llamadas mientras yo solo leía y leía, hasta que me di por vencido y me acerqué hasta donde estaba.

-Aquí no hay nada que encaje con lo que vi-

-¿Estás seguro?-

-Sí, completamente-

-Pues vámonos-

Una vez más, subimos al jeep después de horas de espera. De camino al campamento el profesor me preguntó sobre los símbolos y tampoco encajaban con nada que él pudiera recordar, a mitad del recorrido el profesor tornó su expresión y quedó serio, apenas habló en diez minutos hasta que al final se me quedó mirando un momento.

-¿Puedes conducir?-

-¿Qué?-

-No te alteres, pero ese jeep de atrás nos lleva siguiendo desde que salimos del pueblo-

-¿Qué jeep?-

-El que intenta esconderse tras la arena que levantamos- Entonces lo vi, un jeep de color tierra asomó levemente del rastro que dejábamos.

-Oh dios…-

-No es momento de acojonarse, agarra el volante y dirígete a la excavación, te conoces mejor el oasis que ellos.- El profesor se soltó el cinturón y pasó a la parte de atrás, apurado y asustado intenté coger el volante y ponerme en su lugar pero no pude evitar dar un golpe brusco y casi volcamos.

-¡Ten cuidado joder!-

- ¡No me apunté en la carrera para que me persiguieran sicarios!- Las balas comenzaron a zumbar y a estrellarse contra el jeep, agaché la cabeza en un intento desesperado por mantenerme vivo y las imágenes de Hamas comenzaron a zumbar en mi cabeza.

-¡Me cago en la puta, ¿quieres abrir los jodidos ojos?- El profesor había sacado una pistola de las cajas y respondía a los disparos, pero aparentemente no sirvió de nada. El jeep se agitaba castigando los amortiguadores y yo no levantaba el pie del acelerador ni por un momento, estaba demasiado asustado como para poder mantener bien el coche. La persecución se hacía más violenta, el jeep nos alcanzó y golpeó por detrás, apenas podía sujetar el volante. A lo lejos, divisé la excavación.

-¡La veo, estamos llegando!- El profesor volvió a saltar al asiendo delantero.

- ¡Estos cabrones van en serio, aguanta!-
Aguanté el volante recto todo lo que pude, firme y sin flaquear, el oasis cada vez estaba más cerca y entonces comprendí que la familia de Hamas estaba por los alrededores, no se atreverían a dispararnos con todos allí, estaba claro, el plan había dado resultado.
Noté algo caliente en el brazo, primero débil y luego el dolor se hizo tan intenso que no pude reprimir un grito de dolor, perdí la fuerza y se me escapó el volante. Escuché los gritos del profesor mientras el jeep fuera de control volcaba y comenzaba a dar vueltas de campana, al final, nos estrellamos contra la excavación y todo se nos vino encima, apagando por completo la luz.
Creí que me iba a reventar la cabeza, escuchaba los escombros rodar golpeandome en la cara, el sonido del agua correr, la oscuridad…
Palpé con las manos y encontré el cuerpo del profesor, comprobé si estaba atrapado y no pude tirar de él, por suerte yo parecía poder moverme. Notaba las costillas de mi cuerpo rotas, clavándoseme en la carne, rebusqué en la chaqueta del profesor y encontré una luz fosforescente, la doblé y el verdor frío y estéril bañó el cuerpo del profesor. Tenía una pierna atrapada bajo el jeep, pero ¿dónde estábamos? Escruté la oscuridad, al parecer el accidente había derrumbado el suelo de la cárcel y habíamos entrado en una galería cuya existencia desconocía, eso, o lo que teníamos encima era un derrumbamiento e íbamos a morir allí, pero el túnel parecía alargarse.

-¡Profesor! ¿Puede oírme?- En cuanto lo zarandeé un poco el profesor recobró parcialmente la conciencia.

-Mi…mi pierna.-

-Está atrapado, no sé si podré hacer palanca con algo.- Busqué algo para mover el jeep, pero ya sabía de antemano que no iba a poder sacar su pierna de ahí.-No…no encuentro nada.- El profesor suspiró y al igual que yo investigó el lugar.

-¿Dónde estamos?-

-No lo sé, creo que el jeep derrumbó un piso y hemos llegado a una galería-

-Pues claro…galerías bajo las tumbas… ¡joder¡- El profesor gritó de dolor, se llevó la mano a la pierna y apretó los dientes. Me acerqué a él para sujetarlo y que no se moviera.- Estoy bien jodido…-

-No, no lo está, esperaremos a la familia de Hamas y ellos le sacarán-

-Esa gente no nos sacará de aquí…-El profesor me clavó la mirada.-Entra en el jeep, encontrarás una caja de herramientas sujeta a la parte trasera, espero que no haya salido volando.-

-¿Qué cojones quiere de la caja de herramientas?-

-¡Tráemela!- Obedecí. La caja por suerte estaba donde él había dicho, sujeta con cuerdas, pero abierta y las herramientas habían salido volando.

-No hay nada.-

-Ven aquí.- Me acerqué al profesor, despacio y con la mano en las costillas.- Escúchame, está claro que no voy a salir de esta si no me ayudas, así que vas a cogerme de las manos, vas a tirar de mí y vas a hacerme un torniquete.-

-No puedo hacer eso…yo no…- Una vez más, comencé a entrar en estado de shock y caí de rodillas. El profesor me agarró del cogote y aferrándome el pelo me habló con una sequedad como nunca antes había oído en el.

-Escúchame, Eón. Si no lo haces, moriré.-

Me quité la camisa y la rasgué para hacer un torniquete, el corazón comenzó a latirme frenético cuando agarré al profesor por las dos manos, conté hasta tres y tiré con todas mis fuerzas, notando como se separaba el hueso de la carne y el tendón del músculo, los gritos de dolor se expandieron por la galería. Con los ojos entrecerrados apreté fuertemente el torniquete por debajo de la rodilla, la sangre del profesor la tiñó pronto de rojo y mi cuerpo acabó igual, una vez más, tenía la sangre de un ser querido por encima. Apresuradamente, ayudé al profesor a andar apoyándose en mi, mientras que yo me apoyaba en la muleta, el sujetaba la linterna fluorescente.

-¿Cuánto tiempo tenemos de luz?-

-Una media hora, pero me preocupa más cuanto nos queda de aire, vamos, sigue la galería.-

Avanzamos por un túnel que se abría camino, poco a poco las fuerzas abandonaban mi cuerpo y el rumor del agua se hacía más fuerte, al final, unos retazos de luz nos trajeron esperanza, pero nuestro ánimo se vino abajo cuando observamos que el túnel llegaba a su final, terminado en una pintura de un hombre que seguramente sería enterrado allí. Al llegar al final, me derrumbé y caímos al suelo.

-Muertos…estamos muertos-

-No te des por vencido, si hay luz hay una salida-

-¡No no la hay, solo tenemos tumba de vete tú a saber qué esclavo y encima morirem…!- Algo bueno había en todo aquello, un haz de esperanza me vino a la cabeza. -¡Profesor!, los símbolos, ¡son estos!-

Contemplando la figura y las runas me di cuenta de que les faltaba un pedazo, aunque no las entendiera en la parte superior central había un borrón que faltaba. El profesor enmudeció mirando el estampado.

-Eso es imposible…No puede ser.-

-Se lo juro ¡Son estas! ¿Sabe leerlas?-

-No, y desde el año 2015 después de la matanza de oriente medio dudo que nadie pueda-

-¿Qué lengua es?-

-Arameo.-
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