Capítulo quinto
Misterios en la oscuridad
-¿Inspector Hatib?-
-Sí-
-Menos mal que ha llegado usted, al parecer el accidente es más grave de lo que pensábamos.-
-¿Han rescatado los cuerpos?-
-Sí, las víctimas son dos hombres, el forense está realizando trabajos de identificación pero parece que la muerte no fue hace demasiado.-
-Bien-
-¿Quiere un abrigo?-
-No gracias, esta chaqueta es calefactora, ¿dónde están los cuerpos?-
-Al parecer tuvieron un accidente y estaban sepultados, el jeep en el que viajaban se estrelló contra una excavación y no sobrevivieron-
-Menuda mierda de noche para morirse, ¿se ha identificado a las víctimas?-
-No señor, pero hemos encontrado agujeros de bala en el vehículo-
-¿Qué?-
-Sí señor, agujeros de bala de un arma anterior a la guerra seguramente provenientes del mercado negro, las balas no han podido ser identificadas.-
-Genial, ¿Alguna otra buena noticia?-
-Sí, hemos encontrado marcas de…ellos.-
El azul iris del inspector quedó clavado ante la escurridiza mirada del policía egipcio, la referencia identificada con el incómodo sonido precedente no dejaba lugar a dudas de que el problema podría pintar gordo.
-¿Ellos?-
-Sí señor, ya sabe…-
-Comprendo, ¿Porqué se sospecha de su presencia en el lugar?-
-Hemos encontrado restos de sangre contaminada por la enfermedad-
-Vamos hombre, no me jodas.-
-No señor-
-Llévame hasta el forense-
-Si señor-
El joven policía llevó al inspector más allá del cordón holográfico protector, después de bajar unas escalas extensibles hasta el agujero derruido de la excavación dejó a Hatib con el forense, que en ese momento terminaba de tapar el segundo de los cuerpos con una tela blanca.
-Vaya inspector, parece que aún en nuestro tiempo siguen existiendo las desgracias eh.-
-Sí, ni el gobierno unificado puede pretender que los sicarios no sigan apareciendo-
-¿Sicarios inspector?-
-Me han informado de agujeros de bala en la chapa del jeep, no imagino a otros que hayan podido hacer eso.-
-Oh, comprendo, pero me temo que estos dos han muerto por aplastamiento, no por bala, aunque lo comprobaré en el hospital pero estoy casi seguro de que no es así, no sé qué estarían haciendo aquí pero uno de los policías ha ido a preguntar a una caravana de camellos que vieron cerca.-
Echando un vistazo el inspector se percató de los agujeros de bala de los que hablaba el policía, el lugar estaba destrozado y aunque no entendía demasiado sobre tumbas y antiguas cárceles en ruinas podía apreciarse claramente el destrozo que había provocado el accidente. Lápidas rotas, sangre y restos destrozados de instrumentos arqueológicos. Algo llamó su atención, otro pañuelo blanco tapaba un cuerpo del tamaño de un niño pequeño.
-Oiga, doctor, ¿no dijo que solo había dos cuerpos?- Por la inercia de la curiosidad levantó el pañuelo, soltándolo con repugnancia al momento de ver lo que había debajo.
-¡Me cago en la puta, es una jodida pierna!-
La visión de una pierna amputada con los tendones colgando y un trozo astillado de hueso fuera provocó una arcada al inspector que pronto se llevó la mano a la boca.
-¿Qué coño hace una pierna sin cuerpo por ahí?-
-Pues no lo sé inspector, es todo un misterio.-
-¿No pertenece a alguno de los fallecidos?-
-Créame, no me hacen falta seis años de medicina para saber cuando a una persona le falta una pierna o no.-
-Ya…Pues más nos vale encontrar a su dueño, ¿Ha cogido muestras?-
-Para nada inspector- El doctor metió sus cosas en el maletín y ajustándose las gafas lanzó una sonrisa sarcástica al inspector.
-Ahora me voy, tengo que llevar todo esto a analizar. Ah, apropósito, no sé si se lo dijo el policía pero han encontrado marcas de…ellos.-
-Sí, me lo dijo.-
-¿Y también le dijo que habían encontrado un túnel oculto que el jeep había abierto en el accidente?-
-No, eso no me lo dijo-
-Se le habrá pasado, claro, es un detalle sin importancia, al fin y al cabo este sitio está lleno de cuevas y galerías.-
-Y piernas amputadas, no te jode…-Susurró el inspector mientras el doctor se marchaba.
El inspector buscó la escalera que llevaba al túnel y descendiendo los peldaños se preguntaba cómo podía haber acabado allí en una noche que parecía prometer tanto, a fin de cuentas, el Papa estaba a punto de dar su primera conferencia y él iba a perdérselo, de todos modos, lo interesante del caso parecía haberle hecho olvidar por completo temas de menor importancia. Armado con una linterna observó el jeep hundido en el agujero, los agujeros de bala eran también numerosos en esa parte y había muchísima sangre en el suelo. Llegó pronto a la conclusión de que la sangre pertenecería a alguno de los cuerpos atropellados de arriba, rebuscó con guantes de látex en el jeep a ver si encontraba algo, alguna pista, por pequeña que fuera que le llevara a un camino a seguir.
Después de más de una hora rebuscando el inspector se dejó caer rendido al suelo, ni una pista en ese montón de rocas. Dicen en cambio, que la suerte sonríe al que la necesita y no al que la busca, al sentarse con la linterna en mano el inspector pudo apreciar que la sangre no terminaba en aquel inmenso charco, más a lo lejos vio como lo que en un principio le parecieron manchas de aceite lejanas por el golpe resultaban destilar con un tono rojizo, se acercó apresuradamente y vio como las gotas se alejaban adentrándose en el túnel.
-¡Bingo!-
Apresurado y emocionado corrió siguiendo las gotas, hasta que al final llegó a un muro derruido en el que se podía apreciar un túnel toscamente escarbado y aparentemente poco seguro, al final del túnel, escuchó el rumor del agua y las voces de los policías. Claro estaba que su curiosidad nata le hizo pasar por alto la dudosa seguridad del túnel y se adentró sigiloso para ver a dónde llevaba, al final encontró un manantial, por la parte de arriba se colaba la luz de los focos, estaba en un pozo. Al fondo, dos policías con el uniforme de la división científica analizaban el agua.
-Claramente, uno de ellos ha estado aquí-
-No cabe duda está claro ¿No te parece increíble? Al fin y al cabo esa plaga sigue escondiéndose, vete tú a saber qué estaba haciendo aquí.
-¡Eh ustedes!- Una tercera voz retumbó en la construcción, provenía desde arriba.
-¿Si?-
-¡Suban inmediatamente y dejen todo como estaba!-
-¿Y quién lo manda?-
-Soy el capitán Hammon, jefe del departamento de investigación del gobierno unificado.-
-Hostia puta, mejor vámonos tío.- susurró uno de los guardias.- ¡Ya subimos capitán!-
Si el gobierno unificado metía las zarpas en el asunto estaba claro que el problema era bien gordo, oportunidad que no iba el inspector a dejar escapar. Serpenteó hasta la entrada del túnel y poniendo tierra de por medio llegó hasta el jeep, a lo lejos vio como los militares metían a los investigadores en un coche y se los llevaban, agazapado entre los escombros entró en su coche y sin encender las luces se marchó de allí a toda velocidad, mientras ordenaba al ordenador de a bordo marcar un teléfono.
-¿Operadora? Si, con la facultad de historia de la universidad de salamanca por favor…-
-Universidad de Salamanca, ¿dígame?-
-¡Hola! Con la profesora Laura por favor.-
-La profesora Laura no llegará hasta dentro de una semana ¿quiere que le deje un mensaje?-
-Sí, dígale que necesito que venga a Egipto en cuanto pueda, que es muy importante.-
-Muy bien, Egipto si, ¿de parte de?- En ese momento, el móvil comenzó a emitir un pequeño chirrido.
-Dígale que soy Hatib, nos presentó el doctor swann, dígale que ha pasado algo en su centro de investigaciones-
-No le oigo bien, ¿Ha dicho doctor swann?-
-¡no joder! Soy un amigo del doctor swann.- El zumbido del móvil aumentaba.
-Su amigo el doctor swann, muy bien, nota tomada...nece…¿más?- Apenas podía escuchar nada.
-¡Que no, que le digo que…!- El móvil, se cortó.
Detrás del inspector, resonó una voz.
-¿Se divierte, inspector?
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Misterios en la oscuridad
-¿Inspector Hatib?-
-Sí-
-Menos mal que ha llegado usted, al parecer el accidente es más grave de lo que pensábamos.-
-¿Han rescatado los cuerpos?-
-Sí, las víctimas son dos hombres, el forense está realizando trabajos de identificación pero parece que la muerte no fue hace demasiado.-
-Bien-
-¿Quiere un abrigo?-
-No gracias, esta chaqueta es calefactora, ¿dónde están los cuerpos?-
-Al parecer tuvieron un accidente y estaban sepultados, el jeep en el que viajaban se estrelló contra una excavación y no sobrevivieron-
-Menuda mierda de noche para morirse, ¿se ha identificado a las víctimas?-
-No señor, pero hemos encontrado agujeros de bala en el vehículo-
-¿Qué?-
-Sí señor, agujeros de bala de un arma anterior a la guerra seguramente provenientes del mercado negro, las balas no han podido ser identificadas.-
-Genial, ¿Alguna otra buena noticia?-
-Sí, hemos encontrado marcas de…ellos.-
El azul iris del inspector quedó clavado ante la escurridiza mirada del policía egipcio, la referencia identificada con el incómodo sonido precedente no dejaba lugar a dudas de que el problema podría pintar gordo.
-¿Ellos?-
-Sí señor, ya sabe…-
-Comprendo, ¿Porqué se sospecha de su presencia en el lugar?-
-Hemos encontrado restos de sangre contaminada por la enfermedad-
-Vamos hombre, no me jodas.-
-No señor-
-Llévame hasta el forense-
-Si señor-
El joven policía llevó al inspector más allá del cordón holográfico protector, después de bajar unas escalas extensibles hasta el agujero derruido de la excavación dejó a Hatib con el forense, que en ese momento terminaba de tapar el segundo de los cuerpos con una tela blanca.
-Vaya inspector, parece que aún en nuestro tiempo siguen existiendo las desgracias eh.-
-Sí, ni el gobierno unificado puede pretender que los sicarios no sigan apareciendo-
-¿Sicarios inspector?-
-Me han informado de agujeros de bala en la chapa del jeep, no imagino a otros que hayan podido hacer eso.-
-Oh, comprendo, pero me temo que estos dos han muerto por aplastamiento, no por bala, aunque lo comprobaré en el hospital pero estoy casi seguro de que no es así, no sé qué estarían haciendo aquí pero uno de los policías ha ido a preguntar a una caravana de camellos que vieron cerca.-
Echando un vistazo el inspector se percató de los agujeros de bala de los que hablaba el policía, el lugar estaba destrozado y aunque no entendía demasiado sobre tumbas y antiguas cárceles en ruinas podía apreciarse claramente el destrozo que había provocado el accidente. Lápidas rotas, sangre y restos destrozados de instrumentos arqueológicos. Algo llamó su atención, otro pañuelo blanco tapaba un cuerpo del tamaño de un niño pequeño.
-Oiga, doctor, ¿no dijo que solo había dos cuerpos?- Por la inercia de la curiosidad levantó el pañuelo, soltándolo con repugnancia al momento de ver lo que había debajo.
-¡Me cago en la puta, es una jodida pierna!-
La visión de una pierna amputada con los tendones colgando y un trozo astillado de hueso fuera provocó una arcada al inspector que pronto se llevó la mano a la boca.
-¿Qué coño hace una pierna sin cuerpo por ahí?-
-Pues no lo sé inspector, es todo un misterio.-
-¿No pertenece a alguno de los fallecidos?-
-Créame, no me hacen falta seis años de medicina para saber cuando a una persona le falta una pierna o no.-
-Ya…Pues más nos vale encontrar a su dueño, ¿Ha cogido muestras?-
-Para nada inspector- El doctor metió sus cosas en el maletín y ajustándose las gafas lanzó una sonrisa sarcástica al inspector.
-Ahora me voy, tengo que llevar todo esto a analizar. Ah, apropósito, no sé si se lo dijo el policía pero han encontrado marcas de…ellos.-
-Sí, me lo dijo.-
-¿Y también le dijo que habían encontrado un túnel oculto que el jeep había abierto en el accidente?-
-No, eso no me lo dijo-
-Se le habrá pasado, claro, es un detalle sin importancia, al fin y al cabo este sitio está lleno de cuevas y galerías.-
-Y piernas amputadas, no te jode…-Susurró el inspector mientras el doctor se marchaba.
El inspector buscó la escalera que llevaba al túnel y descendiendo los peldaños se preguntaba cómo podía haber acabado allí en una noche que parecía prometer tanto, a fin de cuentas, el Papa estaba a punto de dar su primera conferencia y él iba a perdérselo, de todos modos, lo interesante del caso parecía haberle hecho olvidar por completo temas de menor importancia. Armado con una linterna observó el jeep hundido en el agujero, los agujeros de bala eran también numerosos en esa parte y había muchísima sangre en el suelo. Llegó pronto a la conclusión de que la sangre pertenecería a alguno de los cuerpos atropellados de arriba, rebuscó con guantes de látex en el jeep a ver si encontraba algo, alguna pista, por pequeña que fuera que le llevara a un camino a seguir.
Después de más de una hora rebuscando el inspector se dejó caer rendido al suelo, ni una pista en ese montón de rocas. Dicen en cambio, que la suerte sonríe al que la necesita y no al que la busca, al sentarse con la linterna en mano el inspector pudo apreciar que la sangre no terminaba en aquel inmenso charco, más a lo lejos vio como lo que en un principio le parecieron manchas de aceite lejanas por el golpe resultaban destilar con un tono rojizo, se acercó apresuradamente y vio como las gotas se alejaban adentrándose en el túnel.
-¡Bingo!-
Apresurado y emocionado corrió siguiendo las gotas, hasta que al final llegó a un muro derruido en el que se podía apreciar un túnel toscamente escarbado y aparentemente poco seguro, al final del túnel, escuchó el rumor del agua y las voces de los policías. Claro estaba que su curiosidad nata le hizo pasar por alto la dudosa seguridad del túnel y se adentró sigiloso para ver a dónde llevaba, al final encontró un manantial, por la parte de arriba se colaba la luz de los focos, estaba en un pozo. Al fondo, dos policías con el uniforme de la división científica analizaban el agua.
-Claramente, uno de ellos ha estado aquí-
-No cabe duda está claro ¿No te parece increíble? Al fin y al cabo esa plaga sigue escondiéndose, vete tú a saber qué estaba haciendo aquí.
-¡Eh ustedes!- Una tercera voz retumbó en la construcción, provenía desde arriba.
-¿Si?-
-¡Suban inmediatamente y dejen todo como estaba!-
-¿Y quién lo manda?-
-Soy el capitán Hammon, jefe del departamento de investigación del gobierno unificado.-
-Hostia puta, mejor vámonos tío.- susurró uno de los guardias.- ¡Ya subimos capitán!-
Si el gobierno unificado metía las zarpas en el asunto estaba claro que el problema era bien gordo, oportunidad que no iba el inspector a dejar escapar. Serpenteó hasta la entrada del túnel y poniendo tierra de por medio llegó hasta el jeep, a lo lejos vio como los militares metían a los investigadores en un coche y se los llevaban, agazapado entre los escombros entró en su coche y sin encender las luces se marchó de allí a toda velocidad, mientras ordenaba al ordenador de a bordo marcar un teléfono.
-¿Operadora? Si, con la facultad de historia de la universidad de salamanca por favor…-
-Universidad de Salamanca, ¿dígame?-
-¡Hola! Con la profesora Laura por favor.-
-La profesora Laura no llegará hasta dentro de una semana ¿quiere que le deje un mensaje?-
-Sí, dígale que necesito que venga a Egipto en cuanto pueda, que es muy importante.-
-Muy bien, Egipto si, ¿de parte de?- En ese momento, el móvil comenzó a emitir un pequeño chirrido.
-Dígale que soy Hatib, nos presentó el doctor swann, dígale que ha pasado algo en su centro de investigaciones-
-No le oigo bien, ¿Ha dicho doctor swann?-
-¡no joder! Soy un amigo del doctor swann.- El zumbido del móvil aumentaba.
-Su amigo el doctor swann, muy bien, nota tomada...nece…¿más?- Apenas podía escuchar nada.
-¡Que no, que le digo que…!- El móvil, se cortó.
Detrás del inspector, resonó una voz.
-¿Se divierte, inspector?
