Capítulo cuarto
Lecciones de historia
-Como veíamos en la clase de ayer, en el año 2015 la guerra de oriente medio acabó en desastre teniendo en cuenta que el gobierno americano decidió soltar el virus VR-5, como ya saben ustedes, el virus provocó la propagación de una epidemia respiratoria, añadiéndole a eso el clima de oriente medio ya podrán imaginarse ustedes cómo terminó la bromita. Actualmente y después de la condena a muerte del presidente americano Johnal, sucesor de Obama, y del general del ejército las tareas de repoblación en la zona siguen sin dar demasiados frutos.-
Las clases de la profesora Laura eran las mejores, teniendo en cuenta que siempre se metía con el gobierno americano y se quedaba tan campante, de todos modos no es raro que la gente en la universidad la odie, pone unos exámenes que difícilmente pueden ser superados por nadie.
Tengo que admitir que siempre que entra por la puerta me quedo un poco embobado, no es la típica rubia cañón ya lo sé, pero su pelo castaño entrenzado hasta la cintura y su cuerpo atlético no dejan espacio a que este pobre alumno de tercero de historia deje de mirarla.
-¡Señor Antonio!- La voz imperante de Laura me sobresaltó y di un bote en mi asiento, un movimiento obviamente ridículo que me hizo sonrojar. –Señor Antonio, ¿podría decirme de qué estaba hablando?-
-De la guerra de oriente medio-
-Eso fue hace diez minutos, deje de poner cara de tonto y atienda- Las risitas de mis compañeros flotaban en el aire, genial.
La clase terminó y salimos a tomar algo a la cafetería…
(…)
-Cada día son más idiotas, no solo no atienden sino que además tengo que ponerles exámenes facilitos para que los nenes aprueben-
-Creo que eres un poco dura, pero bueno, ya sabes que todo va en decadencia-
-No me toques los ovarios con lo de la decadencia, ¿quieres?-
-Vale vale Laura, no te sulfures.- Apropósito, mientras estabas en clase te ha llamado un par de veces un tal doctor Swann, dijo que era importante y que también te llamaría mañana, ha dejado un recado en secretaría para ti-
-¿El doctor Swann? Vaya, desde que se fue a Egipto no he tenido noticias de él, pero somos buenos amigos. ¿En secretaría dices?-
-Si-
De camino a secretaría recordaba los momentos vividos con el doctor, habiéndonos conocido en la facultad hace muchos años y teniendo experiencias previas de lo que solía hacer me extrañaba bastante esta llamada. Supongo que los arqueólogos se ven más interesados por las piedras que por las mujeres.
-Hola Rita, ¿tienes algo para mí?-
-Hola doctora, si, ha llamado un caballero y le ha dejado un mensaje-
Rita era la secretaria de la facultad, puede que la gente diga que el hecho de decir que las secretarias son cotillas es un tópico, pero Rita encarnaba ese papel a la perfección.
-¿Sabe? Dicen que el doctor Swann lleva tiempo detrás de algo muy gordo, debería usted aprovechar… ¡ya sabe a qué me refiero! Que donde hubo fuego cenizas quedan- Lo que más me sorprendía de Rita, es que solía tener razón, pero ese tono tan histriónico y demás factores hacían de ella una mujer un tanto repelente.
-Claro Rita, claro. Muchas gracias por coger el mensaje-
Al abrir el pequeño papel en el que Swann había dejado su mensaje, observé no solo que conservaba sus valores sino que además mantenía ese secretismo que tan poco me gustaba.
-“Laura, las cosas no van del todo bien por aquí, me gustaría que cogieras un vuelo y te vinieras. Atentamente, doctor Swann.”-
Claro, no tengo otra cosa que hacer en medio del curso que plantarme en el desierto para ver qué puñetas quiere saber un tipo al que conocí años atrás. Sabiendo cómo es seguramente solo querría que le ayudara con algún tema de historia. Arrugué el papelito y lo tiré a la papelera, ¿quién se cree que soy, su criada? De vuelta en la cafetería me encontré con el rector de la facultad, Ismael.
-Muy buenas tardes profesora, la veo un poco apurada-
-En efecto, he recibido un mensaje de un ex al que no tengo muchas ganas de ver- El rector lanzó una socarrona sonrisa.
-Sí, las antiguas relaciones no siempre salen bien.-
-No, si bien salió, pero él decidió que las piedras eran más interesantes que yo.-
-Ya bueno, te dejo, que he quedado.-
-Bien, dele duro a sus alumnos.-
-Oh, ten por seguro que voy a darle duro a algo, pero he quedado con mi ex mujer.- Una vez más, la sonrisa socarrona del rector me hizo sentir mejor.
El zumo de la tarde y el bocadillo entraron perfectamente, aunque sabría que no podría quitarme de la cabeza el maldito mensaje hasta un par de días también sabía que no haría caso a las peticiones de un tipo que en su momento me hizo daño solo por marcharse de aventura.
Salí de la facultad a eso de las nueve y en el patio de coches me esperaba otra sorpresita, al parecer algún alumno anónimo se había propuesto escribirme cartas de amor, estaba segura de que no iba a ocurrir nada con ningún niñito de universidad pero admito que recibir cartas con poemas y demás era divertido y agradable, aunque no me gustaría recibir flores o algo por el estilo. Metí la llave en la ranura y encendí mi viejo Ford, al contrario que el coche del abuelo este ya, por suerte, funcionaba con electricidad, no soporto el olor a gasolina.
De vuelta en mi piso de soltera lancé las llaves contra la mesa, me tiré en el sofá y puse la tele esperando que algún programa hubiera decidido evaporarse y me brindaran una buena película, con mucha sangre y gente que explota por los aires, si no hay gente que explote no tiene gracia.
De pronto, la puerta. Me había quedado dormida y tres golpes fuertes me despertaron, era la una de la mañana. ¿Quién mierda puede ser a estas horas? Medio dormida y extrañada me levanté del sofá, otros tres golpes fuertes.
-¿Quién es?-
-¿Profesora Laura? Soy el rector Ismael, ábrame por favor.- Abrí la puerta con el pestillo y efectivamente, allí estaba el rector, quité el pestillo y lo dejé pasar. Estaba sudando y un poco pálido, entró en mi casa apresurado y muy nervioso.
-¿Le ocurre algo?-
-Ha sido horrible, unos tipos abajo me han intentado atracar, me han sacado una navaja y les he dado todo lo que tenía-
-Vaya putada, ¿pero está usted bien, le han hecho algo?-
-No, pero se han llevado los papeles de la universidad y eran papeles importantes que debía entregar mañana, joder, adiós a mi puesto de rector-
-Bueno, no se preocupe, voy a prepararle una tila o una manzanilla, un momento. Siéntese en el sofá si quiere.- Así lo hizo. Preparé una infusión y mientras se la tomaba pareció calmarse un poco.
-Voy a llamar a la policía.-
-No será necesario, ya lo hice yo.-
-¿Les dijo que estaba usted aquí?-
-Sí, no creo que tarden en llegar.- Efectivamente, la puerta volvió a sonar. La abrí con cuidado y allí estaban, dos policías de azul con el uniforme del gobierno unificado.
-Hemos recibido una llamada de esta dirección ¿es correcto?-
-Sí, pasen, el denunciante está en el salón ¿quieren algo de beber?-
-Estamos de servicio, pero gracias-
Los llevé al salón e Ismael me miró, se levantó del sofá y miró a los policías, su cara palideció.
-Laura, estos dos no son policías…-
Noté un fuerte golpe en la cabeza y todo se volvió confuso, borroso, el sonido de un disparo con silenciador apagó la luz y la forma borrosa de Ismael calló de bruces al suelo, donde permaneció hasta que yo no volví a ver nada.
miércoles, 9 de junio de 2010
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1 comentarios:
LOL
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